La radiación ultravioleta puede afectar la piel incluso en jornadas nubladas y durante actividades cotidianas al aire libre. La exposición sin protección se relaciona con quemaduras solares, envejecimiento prematuro y un mayor riesgo de desarrollar cáncer de piel.
El protector solar constituye una medida fundamental, pero debe combinarse con sombra, ropa adecuada, sombrero y anteojos con filtro UV. Incorporarlo a la rutina diaria ayuda a reducir el daño acumulativo provocado por el sol.
La radiación ultravioleta y sus efectos sobre la salud
La radiación ultravioleta conocida como radiación UV procede principalmente del sol, aunque también puede originarse en fuentes artificiales, como las camas solares. No puede verse ni sentirse, pero puede producir daños en la piel y los ojos.
La Organización Mundial de la Salud explica que la exposición excesiva a esta radiación es la principal causa de los cánceres de piel. También puede provocar quemaduras solares, alteraciones oculares y envejecimiento prematuro de la piel.
Aunque los niveles suelen ser más elevados durante las horas centrales del día y en las estaciones cálidas, la radiación UV está presente durante todo el año. Además, puede mantenerse elevada cuando el cielo está nublado y reflejarse en superficies como el agua, la arena y la nieve.
Por qué el protector debe ser de amplio espectro
No toda la radiación ultravioleta actúa de la misma manera. Los rayos UVA penetran con mayor profundidad en la piel y contribuyen al daño acumulativo y al envejecimiento prematuro. Los rayos UVB afectan principalmente las capas más superficiales y son una causa importante de las quemaduras solares.
Por ese motivo, se recomienda elegir un protector de amplio espectro, que brinde protección frente a los rayos UVA y UVB. El Ministerio de Salud de la Nación indica utilizar un producto con un factor de protección solar —FPS— de 30 o más sobre las partes del cuerpo que no queden cubiertas por la ropa.
Cómo aplicar correctamente el protector solar
La eficacia del producto depende tanto de su factor de protección como de su correcta aplicación. Debe distribuirse de manera uniforme sobre todas las zonas expuestas, sin olvidar las orejas, la nariz, el cuello, la nuca y las áreas sin cabello.
Las recomendaciones oficiales indican:
- Utilizar un protector solar de amplio espectro con FPS 30 o superior.
- Aplicarlo aproximadamente 30 minutos antes de exponerse al sol.
- Renovarlo cada dos horas.
- Volver a aplicarlo después de nadar, transpirar, realizar actividad física o secarse con una toalla.
- Usarlo también durante los días nublados.
- No emplearlo como una forma de permanecer más tiempo bajo el sol.
El agua y la transpiración reducen la permanencia del producto sobre la piel. Por eso, aunque el envase indique que es resistente al agua, la aplicación debe renovarse.
El protector solar no es la única barrera
Ningún protector bloquea por completo la radiación ultravioleta. Su utilización debe formar parte de una estrategia integral que incluya buscar lugares con sombra, evitar la exposición durante los horarios de mayor intensidad solar y cubrir la piel cuando sea posible.
El Ministerio de Salud de la Nación recomienda evitar la exposición directa entre las 10 y las 16, usar sombrero de ala ancha, anteojos con protección UV y ropa que cubra la piel. La OMS también aconseja adoptar medidas de protección cuando el índice ultravioleta sea igual o superior a 3.
El índice UV puede consultarse en los servicios y aplicaciones meteorológicas. Cuanto mayor sea su valor, mayor será la posibilidad de que la radiación produzca daños en menos tiempo.
La protección durante la infancia
Los niños y adolescentes son especialmente vulnerables a los efectos de la radiación ultravioleta. Las quemaduras solares sufridas durante estas etapas pueden aumentar el riesgo de cáncer de piel en la vida adulta.
Los bebés menores de seis meses no deben exponerse directamente al sol. Para protegerlos, se debe priorizar la sombra, la ropa liviana que cubra la piel y los sombreros adecuados. Ante cualquier duda sobre el uso de protector solar en bebés o niños con piel sensible, corresponde consultar al pediatra o dermatólogo.
Un cuidado necesario durante todo el año
El protector solar no debe reservarse únicamente para la playa, la pileta o los días de temperaturas elevadas. Caminar, practicar deportes, trabajar al aire libre o permanecer en una plaza también puede generar exposición a la radiación UV.
Convertir la protección solar en un hábito cotidiano permite disminuir el daño acumulativo. Esto resulta importante para todas las personas, independientemente del tono de piel, porque ningún tipo de piel está completamente libre de los efectos perjudiciales del sol.
Cuándo realizar una consulta médica
El Ministerio de Salud recomienda concurrir a un centro de salud o consultar con dermatología cuando aparezca una lesión nueva, una herida que no cicatriza o un lunar que cambie de tamaño, forma, color o textura.
También pueden necesitar controles específicos quienes tengan antecedentes personales o familiares de cáncer de piel, numerosos lunares, quemaduras solares importantes o una exposición frecuente por trabajo o actividades al aire libre.

