Obras y Urbanismo

Para qué sirven las bolas de cemento que aparecen en las veredas porteñas

31/08/2026 · 11:19 hs.

Forman parte del paisaje urbano de Buenos Aires, pero su función suele pasar inadvertida. Las conocidas bolas de cemento son una variedad de bolardo, un elemento utilizado para delimitar sectores peatonales y evitar el ingreso de vehículos.

Su presencia resulta especialmente importante en calles donde la calzada y la vereda se encuentran al mismo nivel, en esquinas ensanchadas, plazas y accesos a edificios. Además de ordenar el espacio público, contribuyen a proteger a las personas que caminan por esos sectores.

Cómo se llaman realmente

Aunque los vecinos suelen llamarlas bolas, esferas o bochas de cemento, técnicamente pertenecen a la familia de los bolardos.

Los bolardos son piezas resistentes instaladas de manera fija sobre veredas, paseos y otros espacios públicos. Pueden adoptar diferentes formas y fabricarse con hormigón, piedra o metal, según las características del lugar y el proyecto urbano.

Las esferas de cemento constituyen solo una de sus variantes. También existen modelos cilíndricos, rectangulares y metálicos, además de diseños que se integran con bancos, canteros u otros componentes del mobiliario urbano.

Una barrera para impedir el ingreso de vehículos

La función principal de estas piezas es establecer una separación física entre las zonas destinadas a los vehículos y aquellas reservadas para los peatones.

El Gobierno porteño incorporó bolardos en diferentes intervenciones urbanas para evitar que los automóviles circulen o avancen sobre las veredas. También se emplean para impedir estacionamientos indebidos y resguardar sectores de permanencia o circulación peatonal.

A diferencia de una señal pintada en el suelo, el bolardo representa un límite físico. Su peso, resistencia y ubicación dificultan que un vehículo invada accidentalmente el espacio protegido.

Por qué son importantes en las calles niveladas

En una calle tradicional, el cordón establece una diferencia de altura entre la vereda y la calzada. Sin embargo, en distintos sectores porteños se construyeron calles de convivencia, cruces elevados y espacios en los que ambos niveles se encuentran prácticamente igualados.

Estas intervenciones favorecen la accesibilidad y permiten una circulación peatonal más cómoda, pero también requieren elementos que indiquen con claridad hasta dónde pueden avanzar los vehículos.

El Manual de Diseño Urbano porteño contempla la utilización de bolardos para separar el sector vehicular del peatonal en las bocacalles elevadas. En las calles de convivencia, estos elementos también funcionan como límite entre la calzada y la vereda.

Protección para peatones y espacios públicos

Las bolas de cemento también pueden colocarse delante de edificios, patios de juegos, plazas y otros lugares con circulación frecuente de personas.

En la renovación de la Plazoleta Melchor P. de Holguín, por ejemplo, la Ciudad instaló bolardos cerca de la calle Lanza con el propósito oficial de proteger el entorno frente a posibles intrusiones vehiculares y delimitar el área peatonal.

En otras obras porteñas, como la recuperación del casco histórico de Mataderos, fueron incorporados para reforzar la seguridad de quienes recorren el espacio público.

También ayudan a ordenar la calle

Además de impedir el paso de vehículos, los bolardos permiten organizar visualmente el espacio. Pueden señalar el recorrido de una vereda, delinear una esquina, proteger una senda o separar una calle transitable de un sector exclusivo para peatones.

En el Microcentro porteño fueron utilizados para evitar invasiones vehiculares sobre las aceras después de la nivelación de varias calles. En el Barrio Chino también se instalaron para impedir que los vehículos circularan por las veredas ampliadas.

Su utilidad, por lo tanto, no es solamente decorativa. Aunque el diseño esférico puede integrarse al paisaje urbano, su finalidad está relacionada principalmente con la protección, la delimitación y el ordenamiento de la vía pública.

Deben respetar la accesibilidad peatonal

La ubicación de estos elementos debe preservar un recorrido cómodo y seguro. Si se encuentran mal distribuidos, pueden transformarse en obstáculos para personas con discapacidad visual o movilidad reducida.

La documentación técnica de la Ciudad establece que en las calles de convivencia debe mantenerse un ancho mínimo de vereda y utilizarse señalización podotáctil en sectores determinados. El objetivo es que los bolardos separen la circulación vehicular sin interrumpir el desplazamiento de los peatones.

De esta manera, las bolas de cemento que se observan en muchas veredas porteñas cumplen una tarea concreta: marcan el límite que los vehículos no deben atravesar y ayudan a conservar un sector protegido para caminar.

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