En el centro de Plaza Miserere, entre colectivos, comercios y pasajeros que atraviesan Once, se levanta un monumento que también es un sepulcro: allí descansan los restos de Bernardino Rivadavia.
La obra del escultor Rogelio Yrurtia fue inaugurada el 3 de septiembre de 1932, más de ocho décadas después de la muerte de quien ocupó por primera vez la presidencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Su historia permite recorrer las disputas políticas del siglo XIX, la transformación de Plaza Miserere y uno de los conjuntos escultóricos más singulares de Buenos Aires.
Quién fue Bernardino Rivadavia
Bernardino Rivadavia nació en Buenos Aires el 20 de mayo de 1780. Participó en la vida política abierta por la Revolución de Mayo y formó parte del Primer Triunvirato. Años después, como ministro del gobernador bonaerense Martín Rodríguez, impulsó reformas institucionales y educativas, entre ellas la creación de la Universidad de Buenos Aires.
El 7 de febrero de 1826 fue designado presidente de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Era una etapa en la que todavía se discutía cómo organizar el país y qué relación debía tener Buenos Aires con las demás provincias. Durante su gobierno se aprobó una ley que declaró capital a Buenos Aires y colocó a la ciudad bajo la autoridad del presidente y del Congreso. La medida, junto con el carácter unitario de la Constitución de 1826, profundizó las resistencias políticas. Rivadavia renunció el 27 de junio de 1827.
Su trayectoria sigue siendo objeto de distintas interpretaciones históricas. La creación de instituciones y las reformas de su etapa como ministro conviven en ese balance con los conflictos entre Buenos Aires y las provincias, la oposición a su proyecto de capitalización y el endeudamiento externo contraído durante aquellos años.
De Cádiz a la Plaza Miserere
Rivadavia murió el 2 de septiembre de 1845 en Cádiz, España. Sus restos fueron repatriados en agosto de 1857 y permanecieron en el Cementerio de la Recoleta antes de su traslado al mausoleo de Plaza Miserere en 1932. La Legislatura porteña señala un dato poco conocido: en su testamento había pedido que no lo enterraran en Buenos Aires.
La elección de una plaza para levantar su sepulcro dio al homenaje una presencia pública permanente. La Comisión Nacional de Monumentos lo describe como la única tumba situada en una plaza pública. Por eso, quien cruza el paseo no está frente a una escultura conmemorativa aislada: está ante el lugar donde reposan los restos del expresidente.
Cómo se construyó el monumento
El monumento fue encargado a Rogelio Yrurtia en 1916 y se completó en 1932. Yrurtia también realizó Canto al Trabajo y el monumento al coronel Manuel Dorrego, otras obras presentes en el espacio público porteño. La inauguración del mausoleo tuvo lugar el 3 de septiembre de 1932; según la Legislatura de la Ciudad, asistió una multitud cercana a las 50.000 personas.
La estructura está formada por tres cuerpos construidos con aproximadamente 1.600 bloques de granito gris traídos de Alemania. Tiene unos 15 metros de ancho, 24 metros de largo y supera los 9 metros de altura. Su escala y su forma longitudinal hacen que ocupe un lugar destacado en el centro de la plaza.
El conjunto incorpora figuras de bronce que expresan ideas asociadas al homenaje. En sus laterales se encuentran Moisés, identificado por el Gobierno porteño con la sabiduría, y la figura de un hombre joven, vinculada con la acción y la vitalidad. En otra de sus caras aparece una alegoría de la República. Junto a la efigie de Rivadavia está el acceso a la cripta que alberga el sarcófago.
Por qué la plaza se llama Miserere y todos la conocen como Once
El lugar que rodea al mausoleo también conserva varias capas de historia. Antes de ser plaza, el área estuvo vinculada con corrales, un matadero y un mercado. De allí provienen nombres históricos como Corrales de Miserere, Hueco de los Corrales y Mercado del Oeste. En 1807 fue escenario del combate de Miserere durante la segunda invasión inglesa.
Más tarde se extendió la denominación Once de Septiembre, asociada al mercado y a la zona ferroviaria. El nombre coloquial Plaza Once sigue vigente entre los porteños, aunque la denominación oficial del espacio público es Plaza Miserere. Así, en un mismo lugar conviven recuerdos del antiguo borde oeste de Buenos Aires, la expansión del transporte y el homenaje a una figura central de los primeros años de organización nacional.
Un bien protegido en plena vida cotidiana porteña
El sepulcro fue reconocido como bien de interés histórico artístico nacional mediante el Decreto 3.039 de 1946. También integra el patrimonio cultural de la Ciudad. Esa protección reconoce el valor histórico y artístico de una obra que forma parte de la vida diaria de Balvanera, aunque muchos de quienes pasan junto a ella desconozcan que contiene un sepulcro.
Para encontrarlo, basta con ingresar a Plaza Miserere, delimitada por la avenida Rivadavia, la avenida Pueyrredón y las calles Bartolomé Mitre y Ecuador. El mausoleo se encuentra en el sector central del paseo y puede observarse desde el espacio público. Las fuentes oficiales consultadas no publican un horario regular de ingreso a la cripta; por eso, la visita que puede indicarse con certeza es el recorrido exterior.

