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Obras y Urbanismo

El edificio Otto Wulff y las figuras que observan desde su fachada

30/09/2026 · 06:09 hs.
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En la esquina de avenida Belgrano y Perú, en el barrio de Monserrat, se levanta uno de los edificios más singulares de Buenos Aires. Torres, cóndores, animales fantásticos, rostros y enormes figuras humanas convierten su fachada en una obra que exige detenerse y mirar hacia arriba.

El edificio Otto Wulff fue construido entre 1912 y 1914 y refleja una etapa de expansión urbana en la que la ciudad incorporaba nuevas técnicas, estilos europeos y construcciones de gran altura. Más de un siglo después, continúa destacándose por su arquitectura, sus esculturas y los múltiples simbolismos atribuidos a su ornamentación.

Una esquina cargada de historia

El inmueble se encuentra en avenida Belgrano 601, sobre la esquina de Perú, dentro del casco histórico porteño. Antes de su construcción, en ese terreno se encontraba la denominada Casa de la Virreina Vieja, vinculada con la familia del virrey Joaquín del Pino.

En aquel solar también funcionó durante el siglo XIX el Monte de Piedad, institución considerada antecedente del actual Banco Ciudad. Una placa colocada sobre la fachada recuerda esa etapa anterior de la esquina.

A comienzos del siglo XX, el empresario Otto Wulff impulsó la construcción del nuevo edificio junto con el naviero Nicolás Mihanovich. El proyecto fue encomendado al arquitecto danés Morten F. Rönnow, quien también realizó otras obras en la Argentina.

Los trabajos comenzaron en 1912 y estuvieron a cargo de los ingenieros holandeses Pieter Jacobus Dirks y Willem Hendrik Johannes Dates. La construcción concluyó en 1914.

Un ejemplo del modernismo alemán en Buenos Aires

La arquitectura del Otto Wulff suele identificarse con el Jugendstil, nombre que recibió en Alemania una corriente relacionada con el modernismo europeo y el art nouveau.

El estilo se caracteriza por la integración entre arquitectura, escultura y ornamentación. En este edificio, la fachada no funciona simplemente como una cubierta exterior: cada columna, figura y relieve forma parte de una composición pensada como un conjunto.

La construcción también resulta significativa por el empleo del hormigón armado, una tecnología todavía novedosa en Buenos Aires durante los primeros años del siglo XX. Este material permitió desarrollar la estructura y producir numerosas piezas decorativas que, a simple vista, pueden confundirse con esculturas realizadas en piedra.

Con una altura cercana a los 60 metros, el Otto Wulff quedó entre los edificios más altos de la ciudad en el momento de su inauguración. Su volumen vertical y sus torres cambiaron la escala de una esquina que hasta entonces había estado ocupada por una construcción colonial de menor tamaño.

Los gigantes que sostienen la fachada

Entre los elementos más conocidos aparecen ocho figuras humanas de gran tamaño, habitualmente descriptas como atlantes. En la arquitectura, ese término identifica a las esculturas masculinas utilizadas como columnas o soportes visuales de una estructura.

Los atlantes del Otto Wulff se distribuyen sobre los frentes de avenida Belgrano y Perú. Sus cuerpos se integran con los pilares del edificio y producen la sensación de cargar sobre los hombros el peso de los pisos superiores.

Sus rostros, posturas y vestimentas no son idénticos. Cada figura posee características propias y forma parte de un programa ornamental relacionado con el trabajo, la construcción y la actividad humana.

Desde la vereda, las esculturas parecen vigilar la esquina. Sin embargo, su escala y ubicación dificultan apreciar todos los detalles sin tomar distancia o utilizar una cámara con acercamiento.

Cóndores, rostros y animales escondidos

Los atlantes son apenas una parte de la decoración. La fachada también presenta grandes cóndores y una extensa variedad de figuras animales, rostros, máscaras y elementos vegetales.

Algunos aparecen claramente definidos, mientras que otros se confunden entre molduras, balcones y columnas. Esta acumulación de formas es la que dio origen a la denominación popular de “el edificio de los 680 ojos”.

La cifra se repite en numerosas descripciones del inmueble, aunque no existe una clasificación única y definitiva de cada figura. La ornamentación permite distintas lecturas porque combina animales reconocibles, criaturas fantásticas, rostros humanos y símbolos procedentes de diferentes tradiciones.

Esa diversidad convirtió al edificio en una especie de catálogo escultórico vertical. Cada nivel ofrece un grupo diferente de detalles y obliga a recorrer visualmente la fachada desde la planta baja hasta las torres.

Las dos torres que dominan la esquina

En la parte superior se elevan dos torres cupuladas, rematadas por agujas. Además de completar la composición arquitectónica, en su interior fueron ubicados depósitos de agua destinados al sistema contra incendios.

Una de las agujas está asociada con la figura del sol y la otra con una corona. A partir de estos elementos surgieron interpretaciones que relacionan las torres con el Imperio austrohúngaro y con el emperador Francisco José y la emperatriz Isabel de Austria.

Sin embargo, esas explicaciones deben considerarse interpretaciones y no datos históricos definitivamente comprobados. El edificio posee numerosos símbolos, pero no todos cuentan con documentación que permita establecer un significado único.

Esta falta de certezas forma parte de su atractivo. La fachada puede observarse como una composición arquitectónica, pero también como un conjunto de imágenes abiertas a diferentes lecturas.

Una fachada recuperada

Entre mayo de 2022 y marzo de 2023 se realizaron trabajos de recuperación sobre el exterior del edificio. La intervención comprendió la limpieza de la fachada, la revisión de su estabilidad, la recuperación de revoques y la reproducción artesanal de piezas ornamentales que se habían perdido.

También fueron retiradas intervenciones inadecuadas acumuladas con el paso del tiempo y se incorporó iluminación para destacar la composición arquitectónica durante la noche.

La restauración permitió recuperar detalles que habían quedado oscurecidos por la suciedad y el deterioro. Los trabajos resultaron especialmente complejos por la cantidad de esculturas, relieves, entrantes y salientes que presenta el inmueble.

Un edificio para descubrir desde la vereda

El Otto Wulff continúa destinado principalmente a oficinas y no funciona como un museo de acceso permanente. Su principal experiencia pública se desarrolla desde la calle.

Para observarlo conviene recorrer ambos frentes y cruzar hacia las veredas opuestas. Desde allí se obtiene una perspectiva más completa de los atlantes, las torres y los cóndores.

Los detalles inferiores pueden verse desde las inmediaciones, pero las esculturas ubicadas en los niveles superiores requieren mayor distancia. La luz del día también modifica la percepción de los relieves, ya que las sombras resaltan distintas figuras según la hora.

En una zona atravesada diariamente por miles de personas, el edificio Otto Wulff conserva una capacidad poco habitual para sorprender. Su fachada no ofrece una única imagen: funciona como un relato construido en altura, compuesto por gigantes, animales y símbolos que todavía observan el movimiento de la ciudad.

Información útil

  • Ubicación: avenida Belgrano 601, esquina Perú.
  • Barrio: Monserrat.
  • Año de construcción: entre 1912 y 1914.
  • Arquitecto: Morten F. Rönnow.
  • Observación: se trata de un inmueble de uso privado. La fachada puede contemplarse desde el espacio público.

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