Construida en 1924 sobre un edificio de viviendas y locales comerciales, hoy corona el Sanatorio Anchorena del Callao. El sábado 3 de octubre formará parte de Open House Buenos Aires: una ocasión para conocer de cerca una pieza del paisaje porteño que durante más de un siglo se vio principalmente desde la calle.
Quien camina por la avenida Callao a la altura de Lavalle puede pasar frente al edificio sin advertir de inmediato qué hay sobre sus diez pisos. Basta levantar la vista para descubrir una cúpula de perfil singular, adaptada a la curva de la esquina y rematada por un cupulín y una aguja. Lleva allí más de cien años, pero nunca recibió un nombre propio que la identificara como ocurre con otras construcciones célebres de Buenos Aires. De esa ausencia nació su apodo: la cúpula sin nombre.
Ahora está por comenzar una nueva etapa. Después de los trabajos de restauración, la cúpula del Sanatorio Anchorena del Callao, en avenida Callao 499, integra por primera vez el catálogo de Open House Buenos Aires 2026. La visita está anunciada para el sábado 3 de octubre, de 10 a 14, y requiere inscripción previa. Se trata de una apertura organizada para el festival; el anuncio no implica que el espacio vaya a quedar abierto de forma permanente.
Un edificio que nació como inversión inmobiliaria
La historia comienza en 1924, año de origen e inauguración del inmueble. El proyecto se atribuye al arquitecto Oscar Schoo Lastra y a los ingenieros Edmundo Parodi y Angelo Figini. Su lenguaje responde al academicismo francés, visible en la composición de la fachada, los balcones, las molduras y el remate de la esquina. La cúpula es conoidal: su forma se ajusta a la geometría curva del encuentro entre Callao y Lavalle, en vez de elevarse sobre una planta perfectamente circular.
Aunque hoy se lo identifica con la atención médica, el edificio no fue construido como sanatorio. Su destino inicial fue el de un inmueble de renta. Durante años alojó viviendas y oficinas; los departamentos estaban distribuidos en semipisos y la planta baja tenía locales comerciales. Esa combinación de residencia, trabajo y comercio ayuda a imaginar cómo funcionaba una esquina céntrica de Buenos Aires en las primeras décadas del siglo XX.
Aquí aparece una parte del misterio que todavía no tiene respuesta documentada. No se conoce con certeza quién encargó la construcción ni qué familias ocuparon los semipisos en su primera etapa. Una investigación publicada mientras avanzaban las obras de restauración señalaba que esos datos, al igual que la fecha de una venta posterior, seguían sin esclarecerse. Por eso, sería incorrecto atribuir la cúpula a una familia determinada o inventar una lista de antiguos habitantes para completar su historia.
El misterio, entonces, no consiste en un suceso sobrenatural: está en los vacíos de la documentación conocida sobre un edificio que, pese a su presencia en la ciudad, conservó en relativo anonimato a sus primeros propietarios y residentes.
De los semipisos a la atención médica
El inmueble cambió de función con el paso de las décadas. Según la reconstrucción histórica publicada durante su puesta en valor, en los años setenta pasó del uso residencial a una actividad vinculada con una obra social, y en los noventa comenzó su transformación en centro médico. El Instituto Quirúrgico del Callao informa en su propia historia institucional que fue inaugurado como instituto en 1998. Son fechas que corresponden a etapas distintas: 1924 es el origen del edificio; 1998, el comienzo del instituto médico en su configuración institucional.
Open House presenta hoy el lugar como Sanatorio Anchorena del Callao, ex Instituto Quirúrgico del Callao. Señala que pertenece a la Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN) y forma parte de la red sanatorial de Accord Salud. El uso actual explica un desafío particular de la restauración: recuperar una fachada histórica y su cúpula mientras el edificio seguía funcionando como establecimiento de salud.
La cúpula tampoco permaneció simplemente como un espacio vacío y olvidado. En su base se utiliza un ambiente para reuniones y actividades profesionales. La apertura de octubre permitirá que personas ajenas al funcionamiento habitual del sanatorio conozcan un sector que hasta ahora no formaba parte de un recorrido público.
¿Qué se restauró?
Los trabajos de puesta en valor comenzaron en 2023, antes de que el edificio cumpliera su centenario, y la intervención en la cúpula fue presentada como una restauración realizada en 2024. Open House identifica a Marcela Gómez y Gerardo Pellegrino como responsables de la reforma. La recuperación incluyó el tratamiento de los componentes de la cubierta y de sus detalles ornamentales, con atención al cupulín, el pararrayos, las mansardas, las pizarras y las piezas de zinc.
Una restauración patrimonial plantea decisiones diferentes de las de una obra nueva. En este caso, el criterio informado fue conservar las partes que podían mantenerse y reponer o reubicar componentes compatibles con el conjunto original. El resultado puede apreciarse desde la vereda, pero la visita ofrecerá una perspectiva poco habitual: la de observar de cerca los materiales y la forma que, vistos desde abajo, suelen fundirse en una sola silueta.
La vista de Buenos Aires desde la cúpula
La propuesta anunciada incluye el acceso al interior de la cúpula y a un sector de terraza con una pasarela desde la que podrá observarse su exterior. Desde allí también se abre una vista hacia otros remates conocidos del perfil porteño, entre ellos los de la Confitería del Molino, el Palacio del Congreso, el Palacio Barolo, el edificio La Inmobiliaria y la Iglesia del Salvador.
Esa vista permite entender por qué las cúpulas importan incluso para quienes nunca entran en ellas. Marcan esquinas, hacen reconocibles ciertas avenidas y permiten leer distintas épocas de la ciudad al mirar hacia arriba. La de Callao y Lavalle cuenta una historia en dos tiempos: la de una Buenos Aires que en 1924 levantaba edificios de renta inspirados en modelos europeos y la de una ciudad que, un siglo después, busca conservarlos mientras siguen teniendo un uso cotidiano.
Cómo será la visita
Open House Buenos Aires informa que es obligatorio inscribirse previamente para ingresar a la cúpula. La ficha oficial del edificio indica que la inscripción se habilitó el 23 de septiembre y remite al sistema de reservas del festival. También precisa las condiciones de acceso: se debe llevar DNI, hay ascensor, se pueden tomar fotografías, no habrá baños disponibles durante el recorrido y la visita figura como no apta para personas con movilidad reducida.
La apertura no resolverá por sí sola todas las preguntas sobre sus primeros dueños y habitantes. Sí permitirá algo que los porteños no habían podido hacer en más de un siglo: pasar de reconocer aquella forma en lo alto de Callao y Lavalle a recorrer una parte de su interior y mirar la ciudad desde ella.

