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Obras y Urbanismo

El Palacio de los Bichos: la historia del castillo que se convirtió en símbolo de Villa del Parque

01/10/2026 · 06:50 hs.
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En Campana 3220, cerca de las vías del tren San Martín, una construcción de cinco pisos conserva la silueta que la hizo famosa hace más de un siglo. Su origen reúne datos históricos, versiones contradictorias y una leyenda que todavía forma parte de la memoria del barrio.

En una zona de casas y edificios de escala mucho menor, el Palacio de los Bichos llama la atención antes de que alguien cuente su historia. Está en Campana 3220, junto a la esquina de Tinogasta, en Villa del Parque, próximo al límite con Villa Devoto. Tiene cinco pisos, un torreón y una cúpula que sobresalen en el paisaje barrial. Su nombre popular proviene de las figuras de animales y criaturas de aspecto fantástico que adornaban la construcción. Muchas de esas piezas desaparecieron con los años, pero el apodo permaneció.

El edificio es conocido también como el Castillo de Villa del Parque. Para los vecinos es mucho más que una curiosidad arquitectónica: representa una etapa en la que esta parte de Buenos Aires todavía estaba marcada por quintas, grandes terrenos y la expansión del ferrocarril. También es escenario de uno de los relatos más difundidos del barrio. Contar su historia, sin embargo, exige distinguir lo que puede afirmarse sobre el inmueble de lo que pertenece a la tradición oral.

¿Cuándo se construyó y quién lo hizo?

Las fuentes coinciden en situar la construcción a comienzos del siglo XX y en atribuir la obra al ingeniero o arquitecto Muñoz González. Una publicación del Gobierno porteño de 2013 indica que fue construido en 1910. Otra publicación histórica de la Ciudad utiliza una fórmula más prudente: señala que el edificio se habría habilitado hacia 1911. Por eso, la referencia más sólida para una cronología barrial es ubicar su construcción alrededor de 1910 y 1911, sin presentar una fecha de inauguración como definitivamente probada.

La duda más importante se refiere a quién encargó la obra y quién fue su primer ocupante. La versión más conocida sostiene que Rafael Giordano, un italiano procedente de Salerno, mandó levantar la casa para regalársela a su hija Lucía y a su futuro esposo, el músico Ángel Lemos. Esa historia aparece en una nota del Gobierno de la Ciudad publicada en 2013. Pero El Observador Porteño, otra publicación oficial dedicada a la historia de Villa del Parque, advierte expresamente que no está claro quién mandó construir el palacio y atribuye la versión de Giordano al historiador Isabelino Espinosa.

Existe, además, una reseña histórica alojada en un sitio educativo del Gobierno porteño que ofrece una explicación diferente: afirma que Luis Muñoz González lo construyó para él y su familia. Como las fuentes discrepan, no sería riguroso identificar a Giordano como propietario original ni a Lucía y Ángel como habitantes efectivos de la casa sin documentación adicional que lo confirme.

Una arquitectura hecha para sobresalir

Aunque se lo llame «palacio» o «castillo», el edificio fue concebido como una residencia. Su estilo es ecléctico: combina recursos decorativos y formas que no responden a un único modelo arquitectónico. Los cinco pisos, los balcones, el torreón y la cúpula le dieron una presencia inusual en un barrio que crecía alrededor de viviendas bajas.

La ornamentación terminó por darle identidad propia. Las figuras de animales, comparadas en distintas descripciones con gárgolas, hicieron que los vecinos comenzaran a llamarlo Palacio de los Bichos. No se trata, entonces, de una referencia a insectos que habitaran la propiedad: el nombre nació de su decoración exterior. Una publicación histórica de la Ciudad señala que aquellas figuras abundaban en sus paredes; las transformaciones y pérdidas posteriores hicieron que hoy resulte difícil imaginar desde la calle el conjunto original completo.

Su valor para Villa del Parque también está en el contraste. El edificio permite reconocer, en una sola esquina, una Buenos Aires de principios del siglo XX que fue cambiando a medida que se consolidaron las calles, el comercio y las viviendas del barrio.

El tren que pasa cerca: la línea San Martín

La cercanía de las vías es una parte esencial del paisaje y de los relatos vinculados al palacio. El ferrocarril que pasa por Villa del Parque es la línea San Martín, llamada históricamente Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico. La estación Villa del Parque, situada en el sector de Nazarre y Ricardo Gutiérrez, funciona desde 1907, antes de la fecha en que se ubica la construcción del edificio.

Este dato ayuda a entender el crecimiento de la zona. El tren acercó el barrio al resto de la ciudad y se convirtió en uno de sus puntos de referencia. En el caso del Palacio de los Bichos, la proximidad ferroviaria también alimentó la narración que lo hizo famoso, aunque esa narración debe leerse como una leyenda, no como la reconstrucción comprobada de un accidente.

La boda y el relato que atravesó generaciones

Según la versión más difundida, el edificio fue escenario de la fiesta de casamiento de Lucía Giordano y Ángel Lemos el 1.º de abril de 1911. El relato continúa con la partida de la pareja y un supuesto accidente de su carruaje al cruzar las vías. Después, siempre de acuerdo con esa historia, el padre habría cerrado la mansión y la propiedad habría quedado deshabitada durante décadas. Con el paso del tiempo se sumaron relatos de música y movimientos que algunos vecinos decían percibir en su interior.

La precisión de ciertos detalles —los nombres, la fecha exacta y las circunstancias del episodio— puede dar la impresión de que todo está documentado. Las fuentes consultadas no permiten afirmarlo. De hecho, la publicación histórica El Observador Porteño presenta expresamente la boda y sus consecuencias como una leyenda, y reconoce la incertidumbre sobre el origen mismo del inmueble. Su importancia cultural es real: durante generaciones, ese relato fue una forma de transmitir la historia de una esquina singular. Eso no convierte cada uno de sus acontecimientos en un hecho verificado.

Del deterioro a una nueva vida

El palacio pasó por un largo período de abandono y por distintas etapas de uso y remodelación. En la década de 1990 comenzó su recuperación. La nota que publicó el Gobierno porteño en 2013 menciona una remodelación en esos años y señala que entonces funcionaba allí un spa. Es importante leer esa última descripción con su fecha: indica el uso informado en 2013, no necesariamente el uso actual de todo el edificio.

¿En qué año se restauró? No aparece una fecha única, suficientemente documentada, para atribuirle una «restauración integral» precisa. Las fuentes permiten ubicar el inicio de su recuperación y remodelación en los años noventa, pero no fijar con seguridad un día o año de finalización ni afirmar que todos sus elementos originales fueron restituidos. Hoy la construcción tiene uso residencial: una publicación histórica de la Ciudad la describe como un conjunto de departamentos.

Esa transformación explica por qué el Palacio de los Bichos sigue en pie y habitado, aunque ya no conserve intacta la decoración que inspiró su nombre. También recuerda que recuperar un edificio y devolverle un uso no significa reconstruir exactamente su aspecto inicial.

Un símbolo que los vecinos incorporaron a su identidad

La trascendencia del palacio va más allá de quienes vivieron o viven en él. El Observador Porteño lo presenta como un símbolo de Villa del Parque y lo incluye entre los sitios destacados de un recorrido histórico por el barrio. Su figura forma parte, además, del emblema barrial junto con otros elementos reconocibles, como la estación ferroviaria y la parroquia Santa Ana.

Para un vecino porteño, la visita tiene el interés de ver cómo una construcción privada llegó a integrar la memoria pública de un barrio. Desde la calle se pueden apreciar su altura, su remate y la relación que mantiene con las viviendas de alrededor. El domicilio, Campana 3220, corresponde a un inmueble residencial: conocerlo implica observarlo desde el espacio público y respetar la vida de sus habitantes.

Más de un siglo después de su construcción, el Palacio de los Bichos conserva algo que no depende de la leyenda: sigue siendo una referencia visible de Villa del Parque. Entre sus paredes transformadas, las figuras que faltan y las historias que persisten, ofrece una oportunidad para mirar de otra manera una esquina cotidiana de Buenos Aires.

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