La actriz y cantante nació el 11 de octubre de 1904 en San Telmo y construyó una trayectoria que atravesó el teatro, el tango, la radio, el cine y la televisión.
La Secretaría de Cultura de la Nación publicó hoy un homenaje por el aniversario de su nacimiento. La evocación también recupera un hallazgo anunciado en mayo de este año: dos grabaciones de Tita encontradas en el archivo del Teatro Nacional Cervantes, que suman nuevos materiales para conocer sus primeros años como intérprete.
Una infancia difícil en la Buenos Aires de los conventillos
Antes de convertirse en Tita Merello, fue Laura Ana Merello, una niña nacida en un conventillo de San Telmo. Su historia comenzó lejos de las marquesinas y estuvo marcada por las dificultades económicas y la pérdida temprana de su padre.
Santiago Merello trabajaba como chofer de mateo y murió cuando ella tenía pocos meses. Su madre, Ana Gianelli, era una planchadora uruguaya. A los cinco años, la niña fue llevada a un orfanato porque su madre no podía hacerse cargo de su cuidado.
Durante su infancia también trabajó como empleada doméstica sin recibir un salario y, posteriormente, realizó tareas rurales mientras vivía con familiares en la provincia de Buenos Aires. La reseña biográfica publicada por Cultura de la Nación en 2024 reconstruye esos años de trabajo y privaciones.
No pudo asistir a la escuela y aprendió a leer y escribir alrededor de los veinte años. Su formación artística tampoco siguió el camino de las academias: comenzó trabajando en los escenarios y fue desarrollando allí sus recursos como intérprete.
Del Teatro Avenida a las revistas del Maipo
Sus primeros pasos estuvieron vinculados con el trabajo como corista y con los espectáculos de variedades. La documentación del Gobierno porteño sobre su casa natal recuerda su paso por el Teatro Avenida y sus interpretaciones de tango en bares de la avenida de Mayo.
En 1923 se incorporó como vedette a las revistas del Teatro Maipo. Aquella experiencia le permitió afianzar una relación directa con el público, en un género que combinaba canciones, humor, baile y cuadros teatrales.
El escenario fue el lugar donde comenzó a hacerse reconocible su manera de actuar: una dicción marcada, rapidez para responder y una interpretación que encontraba en los gestos tanta fuerza como en las palabras.
La Ciudad la incluye entre las primeras mujeres que se destacaron en la interpretación vocal del tango y la milonga durante las primeras décadas del siglo XX. Su recorrido permite reconocer, además, una parte de la historia de los teatros y espacios de entretenimiento porteños.
Una cantante que convertía cada tema en una escena
Tita construyó su identidad musical a partir del modo de decir. El humor, la ironía y el carácter de los personajes que interpretaba eran elementos centrales de sus canciones.
Su repertorio incluyó títulos como Arrabalera, Pipistrela, El choclo, Niño bien y La milonga y yo. Sus interpretaciones podían incorporar una pausa, una mirada o un cambio de intención que acercaban la canción al trabajo de una actriz.
La biografía del investigador Néstor Pinsón, publicada por Todo Tango, sitúa sus primeras grabaciones para el sello Odeon en 1927 y su posterior paso por Victor. También destaca el impulso que recibió su carrera discográfica al volver a grabar con Francisco Canaro en la década de 1950.
En los años siguientes trabajó, asimismo, con las orquestas de Carlos Figari y Héctor Varela. Esa continuidad muestra una trayectoria musical más extensa que la de los temas que hoy suelen asociarse inmediatamente con su nombre.
“Se dice de mí”, la milonga que quedó ligada a su nombre
Entre sus interpretaciones, Se dice de mí ocupa un lugar particular. Con música de Francisco Canaro y letra de Ivo Pelay, la composición había sido concebida originalmente para un personaje masculino.
Tita grabó su versión con la orquesta de Canaro el 23 de julio de 1954. Al año siguiente, la canción formó parte de Mercado de Abasto, la película dirigida por Lucas Demare.
El tema reunió varios rasgos de su estilo: picardía, una forma desafiante de responder a las miradas ajenas y una interpretación que aprovechaba tanto la letra como la expresión corporal. Su presencia en el cine contribuyó a que esa versión quedara estrechamente ligada a la figura de Merello.
El cine y la consolidación de una actriz dramática
En 1933 participó en ¡Tango!, dirigida por Luis Moglia Barth, una película fundamental en la historia del cine sonoro argentino. Su presencia en aquel elenco la vinculó desde temprano con una industria que comenzaba a dar mayor espacio a las voces y a la música popular.
Durante las décadas siguientes desarrolló una filmografía que incluyó Noches de Buenos Aires, Arrabalera, Los isleros, Deshonra, Para vestir santos y El amor nunca muere. El cine amplió el alcance de una artista que ya tenía experiencia frente al público teatral.
La Hemeroteca de la Legislatura porteña destaca La fuga, de 1937, dirigida por Luis Saslavsky, como una obra decisiva en su reconocimiento como actriz dramática.
En la década de 1950 tuvo una etapa especialmente importante junto a Lucas Demare, con Los isleros en 1951, Guacho en 1954 y Mercado de Abasto en 1955. Más adelante protagonizó Amorina, de Hugo del Carril, estrenada en 1961.
En 1974 volvió a trabajar con Demare en La Madre María, donde interpretó a María Salomé Loredo. Ese papel pertenece a una etapa posterior de su carrera y permite apreciar la continuidad de su trabajo como protagonista dramática.
Filomena Marturano y su relación con Luis Sandrini
El teatro también fue un espacio de consagración. Uno de sus trabajos más destacados fue Filomena Marturano, la obra del dramaturgo italiano Eduardo De Filippo.
Según la reseña de Cultura de la Nación, la puesta protagonizada por Merello alcanzó las quinientas funciones en 1949. La historia llegó después al cine, en 1950.
La obra coincidió con un momento importante de su vida personal. Tita había mantenido una relación con Luis Sandrini, otro nombre central del espectáculo argentino. La reconstrucción oficial señala que la separación se produjo en 1948, cuando ella decidió continuar con su trabajo teatral mientras el actor viajaba a filmar a España.
La dimensión de aquel éxito permite reconocer su capacidad para sostener un papel dramático prolongado, además de sus actuaciones como cantante y comediante.
La televisión y una nueva relación con el público
La televisión acercó a Tita a espectadores que no necesariamente habían seguido sus estrenos teatrales o cinematográficos. Fue una participante habitual de Sábados circulares, el ciclo de Pipo Mancera, y también condujo programas propios.
El Archivo Histórico de Radio y Televisión Argentina conserva la historia de esos espacios. Entre 1970 y 1971 se emitió por Canal 13 Charlando de todo con Tita, conducido por Merello y Víctor Sueiro.
En 1981 el ciclo pasó a ATC y adoptó el nombre Todo Tita. Se transmitía de lunes a viernes a las 16 y estaba dedicado a la mujer.
Fue en ese ámbito donde se hizo especialmente conocida su recomendación “Muchacha, hacete el Papanicolau”. La frase quedó asociada a sus intervenciones públicas y a su insistencia en que las mujeres atendieran su salud.
La pantalla permitió conocer una faceta conversadora de la artista, que sumaba a sus canciones y actuaciones comentarios, consejos y experiencias personales.
Los discos recuperados en el Cervantes
El aniversario de este año coincide con la recuperación de materiales de sus primeros tiempos. El 28 de mayo de 2026, la Secretaría de Cultura anunció el hallazgo de grabaciones durante las tareas de restauración y limpieza del Teatro Nacional Cervantes.
Entre los materiales encontrados había dieciséis discos matrices metálicos, utilizados para producir registros entre 1926 y 1934. Las piezas pertenecían al archivo auditivo del Instituto Nacional de Estudios de Teatro.
Dentro del conjunto aparecieron dos grabaciones de Tita, identificadas como Paquetín paquetón y Trabajar nunca, que el comunicado oficial presentó como inéditas. El material fue digitalizado para su preservación y para facilitar su consulta por parte del público y de investigadores.
El anuncio corresponde a mayo: el homenaje publicado hoy lo retoma como parte de la recuperación de su legado.
Tita y los lugares de Buenos Aires
Su vínculo con la Ciudad también puede seguirse a través de sus espacios. San Telmo, el Teatro Avenida, los bares de la avenida de Mayo y el Maipo forman parte de una geografía que acompaña sus primeros años y su crecimiento artístico.
En 1990 fue declarada Ciudadana Ilustre de Buenos Aires. El reconocimiento expresó una relación que atravesaba su lugar de nacimiento y alcanzaba a los personajes, las canciones y las maneras de hablar que había llevado al escenario.
Tita murió el 24 de diciembre de 2002, a los 98 años. El Gobierno porteño recuerda que su oficio religioso se realizó en la Iglesia de San Pedro Telmo, donde había sido bautizada.

