Saltar al contenido principal
Medioambiente

Lavanda en casa, tres formas de multiplicarla y sumar perfume y color al balcón.

16/10/2026 · 07:47 hs.
Reproductor de audio de la noticia

Los esquejes, el acodo y la siembra permiten obtener nuevas plantas con pocos materiales. Cómo elegir el método, qué cuidados necesitan y cuáles son los errores que conviene evitar en balcones, terrazas y patios porteños.

Una maceta de lavanda puede convertirse en el comienzo de un pequeño jardín aromático. Multiplicarla es una manera de sumar plantas, compartirlas con otros vecinos y disfrutar de sus flores sin comprar un ejemplar cada vez.

Para quienes viven en Buenos Aires, el desafío comienza con algo más básico que la reproducción: encontrar un lugar con suficiente sol y un recipiente que permita escurrir el agua. La lavanda necesita mucha luz y un suelo con buen drenaje; la humedad persistente alrededor de las raíces puede perjudicarla. Por eso, antes de llenar el balcón de macetas, conviene observar dónde y cómo crecerán.

Hay tres caminos para obtener nuevas plantas: cortar un tallo y hacerlo enraizar, estimular raíces mientras una rama sigue unida al ejemplar original, o comenzar desde una semilla. Todos pueden hacerse en casa, aunque requieren tiempos y cuidados diferentes.

1. Esquejes: aprovechar una ramita para obtener otra planta

El esqueje es un fragmento de tallo que se prepara para que produzca raíces. Es la opción más recomendable para conservar las características de una lavanda que ya nos gusta, porque reproduce el ejemplar original. La Universidad Estatal de Iowa señala que los tallos sin flores constituyen el material más confiable para este método.

Para empezar, elegí una planta sana y una ramita joven, sin flores ni señales de deterioro. Usá una tijera limpia y afilada, preferentemente por la mañana, y evitá dejar el material cortado al sol.

Si el tallo es tierno, prepará un fragmento de aproximadamente 5 a 10 centímetros. Hacé el corte de la base justo debajo de un nudo —el punto donde nacen las hojas— y retir á las hojas inferiores. La parte que quedará enterrada debe estar libre de follaje.

Colocá el esqueje en una maceta pequeña con agujeros y un sustrato para propagación que drene bien. Si trabajás con tallos algo más firmes, una mezcla orientativa es una parte de sustrato y otra de arena gruesa lavada apta para jardinería. Humedecé y dejá escurrir: el recipiente no debe quedar empapado.

Durante el enraizamiento, buscá luz abundante sin sol fuerte directo y protección del viento. Aunque una lavanda adulta disfruta del sol, una ramita sin raíces todavía pierde agua con facilidad. Si utilizás una cubierta transparente para conservar humedad, ventilala y evitá que quede expuesta al sol, porque puede recalentarse.

No hay un plazo único que garantice el resultado. Esperá a que el esqueje tenga raíces antes de pasarlo a otra maceta y acostumbralo gradualmente a las condiciones del exterior. Conviene preparar varios: no todos necesariamente prosperarán.

2. Acodo: formar raíces sin separar primero el tallo

El acodo permite que un tallo desarrolle raíces mientras todavía recibe agua y nutrientes de la planta madre. La separación se realiza después, cuando la nueva planta puede sostenerse por sí misma.

Una variante documentada para la lavanda es el acodo por aporcado, que consiste en cubrir con sustrato parte de la base de sus tallos, dejando los extremos y las hojas superiores al aire.

Para hacerlo:

  • Elegí un ejemplar sano con varios tallos accesibles en su parte baja.
  • Prepará una mezcla de partes iguales de sustrato y arena apta para jardinería.
  • Acumulá la mezcla alrededor de las bases de los tallos, manteniendo sus puntas descubiertas.
  • Conservá una humedad moderada y reponé el material si el riego o la lluvia lo desplazan.
  • Separá únicamente los tallos que hayan formado raíces propias.

La Royal Horticultural Society describe este procedimiento en primavera y señala que los tallos pueden desarrollar raíces hacia finales del verano. Es una referencia estacional, no una fecha de éxito asegurada para cada planta.

En una maceta, el método requiere espacio para incorporar la mezcla sin bloquear el drenaje. Si el recipiente ya está lleno o la planta queda demasiado apretada, resulta más práctico optar por esquejes. Tampoco conviene cortar tallos para comprobar si enraizaron: hay que revisar con cuidado y separarlos recién cuando las raíces estén presentes.

3. Semillas: empezar desde cero, con más paciencia

La siembra es una alternativa para quien disfruta de acompañar todo el crecimiento de una planta. Sin embargo, suele exigir más paciencia y puede producir ejemplares diferentes de la lavanda de la que se recolectaron las semillas.

Podés comprar semillas identificadas o recogerlas de las cabezuelas secas de una planta. En ambos casos, importa conocer la especie o variedad: no todas las lavandas se comportan de la misma manera.

Utilizá una bandeja o maceta con drenaje y sustrato para almácigos. Distribuí las semillas en la superficie y respetá las instrucciones del envase sobre cobertura y temperatura. Mantené la humedad sin saturar el recipiente y asegurá buena luz cuando aparezcan las plántulas.

La germinación puede ser lenta y despareja: la Universidad Estatal de Iowa menciona dos a cuatro semanas o más. También indica que un período de frío húmedo previo puede mejorar la germinación. Si el producto recomienda ese tratamiento, seguí sus indicaciones; no hace falta aplicar una receta idéntica a cualquier semilla vendida como “lavanda”.

Cuando las plantas estén suficientemente desarrolladas, pasalas a recipientes individuales y acostumbralas de manera gradual al exterior.

Cómo adaptar los cuidados a un balcón porteño

Antes de elegir dónde colocar las nuevas plantas, observá el recorrido del sol. Un balcón luminoso puede recibir pocas horas de sol directo por la sombra de edificios vecinos. Para la lavanda establecida, buscá el sector más soleado disponible, con circulación de aire y buen drenaje.

El riego debe acompañar el estado de la planta. Un esqueje y una lavanda adulta no necesitan el mismo manejo: el primero requiere humedad durante el enraizamiento; un ejemplar establecido tolera mejor períodos secos. Regar por calendario, sin revisar el sustrato, puede terminar dejando las raíces en condiciones demasiado húmedas.

En Buenos Aires, las referencias de estaciones de las guías del hemisferio norte deben trasladarse a nuestro calendario. Para trabajar con brotes tiernos, observá el crecimiento de primavera y comienzos del verano; para tallos semimaduros, esperá a que la base esté firme y el extremo conserve flexibilidad. El estado del tallo es más útil que copiar un mes de una guía extranjera.

Los errores que conviene evitar

Un tropiezo frecuente es intentar multiplicar una planta debilitada. Elegí material sano y descartá tallos dañados o enfermos. También evitá enterrar hojas, usar recipientes sin salida de agua o mantener los esquejes bajo sol intenso.

Otro error es tratar a la lavanda como una planta herbácea que puede dividirse tirando de sus raíces. Para el cultivo doméstico, los esquejes ofrecen una alternativa más confiable y permiten conservar una variedad determinada.

Tampoco conviene aplicar una poda drástica sobre la madera vieja para “hacerla rejuvenecer”: la lavanda no produce nuevos brotes fácilmente desde esas partes.

Perfume adentro, plantas al sol

Para disfrutar de la lavanda dentro de casa, una posibilidad es mantener las plantas en el exterior adecuado y llevar algunas flores al interior.

Los tallos pueden secarse en pequeños manojos, colgados boca abajo en un lugar seco, ventilado y sin sol directo. Después sirven para armar bolsitas aromáticas o pequeños arreglos. Así, el perfume puede acompañar los ambientes mientras la planta sigue creciendo donde recibe la luz que necesita.

Para un vecino que empieza, los esquejes son una buena primera experiencia. El acodo permite experimentar con una planta ya desarrollada, y las semillas ofrecen un proceso más largo. En cualquiera de los tres casos, conviene comenzar con pocas unidades, observar cómo responden y ampliar el pequeño jardín cuando las nuevas lavandas estén bien establecidas.

Visitas

Hoy1.313
Ayer1.201
Semana pasada8.910
Mes pasado23.147
Último año23.496
Total24.781