La Ciudad publicó una norma que busca reducir los riesgos del equipamiento deportivo y recreativo, con especial atención al cuidado de niñas, niños y adolescentes.
La Ley 6969, publicada este lunes 5 de octubre en el Boletín Oficial, establece acciones de prevención, concientización y cartelería para espacios públicos y privados. Lleva el nombre de Joaquín Stefano Gatto, un chico de 12 años cuya muerte tras la caída de un arco de fútbol impulsó a su familia a reclamar medidas para evitar otras tragedias.
Quién era Joaquín y por qué su historia llegó a la Legislatura
Joaquín Stefano Gatto tenía 12 años y vivía en Ramos Mejía. En enero de 2026 viajó con un grupo de Exploradores a un campamento en Junín de los Andes, Neuquén, para compartir actividades con sus compañeros.
Durante esa experiencia, un arco de fútbol que no estaba fijado al suelo cayó sobre él y le provocó lesiones gravísimas. Su historia está incorporada en los fundamentos del proyecto presentado en la Legislatura porteña, que la identifica como uno de los motivos para promover la iniciativa.
El documento también recuerda la decisión de su familia de donar sus órganos y destaca que esa donación permitió ayudar a otros niños. Detrás del nombre de la ley hay, así, una historia concreta y un reclamo de prevención nacido de una pérdida familiar.
Sus padres, Serena Campos Lobos y Adrián Gatto, llevaron ese reclamo al debate público y legislativo. La Cámara de Diputados de la Nación registró su participación en el tratamiento de una iniciativa nacional sobre seguridad deportiva: ambos acompañaron la discusión y pidieron que otros chicos pudieran jugar en condiciones seguras.
Una medida que alcanza a lugares cotidianos del barrio
La norma porteña comprende entidades deportivas, canchas, escuelas, plazas, plazoletas, parques y otros espacios de recreación, tanto públicos como privados.
Entre los elementos alcanzados aparecen arcos de distintos deportes, aros de básquet y cestoball, postes para redes de vóley, juegos de plaza y equipamiento modular. Para el vecino, eso significa que la prevención abarca lugares habituales de la vida familiar: el patio escolar, el club donde se entrena y el parque donde se juega.
El problema que aborda incluye las deficiencias de instalación y fijación, el mantenimiento inadecuado y el uso incorrecto de los elementos. La seguridad de una actividad depende también del estado de las estructuras y de las condiciones en que se utilizan.
Información para chicos, docentes y responsables de los espacios
Las acciones previstas tienen distintos destinatarios. Para quienes juegan o practican deportes, deberán explicar cómo utilizar correctamente el equipamiento y cuáles son los riesgos de hacerlo de manera inadecuada.
Cuando estén dirigidas a niños y adolescentes, la información deberá adaptarse a su edad y comprensión, con recursos gráficos cuando corresponda. Un aviso preventivo necesita poder ser entendido por quienes usan el lugar.
Docentes, entrenadores, instructores, acompañantes y cuidadores también están incluidos. Las acciones destinadas a ellos deberán abordar las pautas de cuidado durante las actividades.
A su vez, titulares, administradores y responsables de los establecimientos recibirán información sobre las medidas necesarias para prevenir riesgos asociados con las instalaciones. La ley reconoce, por lo tanto, responsabilidades diferentes según el papel que cada persona ocupa.
Qué falta para su implementación
La Ley Joaquín fue sancionada el 27 de agosto y quedó promulgada automáticamente el 22 de septiembre. Su publicación de hoy abre el plazo de 120 días establecido para que el Poder Ejecutivo la reglamente.
El Ejecutivo deberá definir la autoridad de aplicación y la modalidad y periodicidad de las acciones. En las escuelas, su implementación tendrá que coordinarse con los controles de seguridad edilicia existentes. La norma también dispone evitar exigencias documentales adicionales cuando sus objetivos puedan verificarse mediante los procedimientos vigentes.
Por qué importa para las familias porteñas
La historia de Joaquín pone en primer plano una condición básica de la infancia: poder jugar y hacer deporte en entornos seguros.
Para las familias, la norma aporta un marco para conversar sobre prevención con escuelas y clubes. Para quienes organizan actividades, refuerza la importancia de comunicar los riesgos y atender las condiciones del equipamiento. Su alcance conecta el cuidado de los chicos con los espacios que utilizan todos los días.

