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Mascotas

Recoger la caca del perro, una responsabilidad que protege la vereda y respeta al vecino

14/10/2026 · 07:11 hs.
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Pasear a una mascota implica hacerse cargo de lo que deja en el espacio público. Retirar sus heces evita que otros peatones deban esquivarlas, pisarlas o limpiar una suciedad que no generaron. En Buenos Aires, además de ser un compromiso de convivencia, es una obligación prevista por la normativa.

Salir de casa, caminar hasta el trabajo, llevar a los chicos a la escuela o recorrer el barrio no debería exigir mirar constantemente el suelo para evitar materia fecal. Cuando una persona pasea a su perro y deja sus deposiciones en la vereda, las consecuencias quedan para quienes pasan después: el vecino que pisa sin advertirlo, quien empuja un cochecito o la persona que debe limpiar el frente de su vivienda.

La tenencia responsable también se expresa en ese momento del paseo. Alimentar, cuidar y atender al animal son tareas fundamentales, pero el compromiso se extiende al entorno que comparte con los demás. Llevar elementos para recoger sus heces y retirarlas antes de continuar permite que el paseo no deje un problema pendiente para otra persona.

La vereda es un espacio compartido

Aunque se hable de “la vereda del vecino”, la acera forma parte del espacio público. Que esté frente a una casa, un edificio o un comercio no habilita a utilizarla como lugar de abandono de residuos. Es una superficie por la que circulan personas con necesidades y posibilidades diferentes.

Una deposición puede interferir con ese uso cotidiano. Hay quienes pueden advertirla y esquivarla con facilidad; otros tienen dificultades visuales, utilizan bastón o se desplazan en silla de ruedas. También puede quedar adherida a las ruedas de un cochecito o al calzado e ingresar después a una vivienda.

El impacto alcanza, además, a quienes mantienen limpio el frente de un inmueble. Encontrar excrementos junto a una entrada supone dedicar tiempo y elementos de limpieza a resolver una situación originada por otra persona.

Por eso, recogerlos tiene una dimensión concreta de respeto: evita trasladar a los demás las consecuencias del paseo de una mascota propia o que está bajo nuestro cuidado.

Qué establece la normativa porteña

El Decreto 1972/2001, en su texto actualizado publicado por el Gobierno porteño, establece que propietarios, tenedores y paseadores deben recoger las deyecciones de los perros cuando transitan o permanecen en el espacio público de la Ciudad.

Para hacerlo, deben llevar una escobilla y una bolsa de residuos u otro elemento adecuado para la recolección. La disposición también indica que el material recogido debe colocarse en los recipientes destinados a ese fin y prohíbe abandonarlo en el espacio público.

El decreto remite al Régimen de Faltas para los incumplimientos. La obligación comprende, por lo tanto, a quien tiene al animal a su cargo durante el paseo, sea su propietario, un familiar o un paseador.

Recoger la materia fecal y dejar la bolsa sobre la vereda, al pie de un árbol o junto a un cantero deja la tarea incompleta. El residuo sigue ocupando el espacio compartido y otra persona tendrá que retirarlo.

Una cuestión de higiene y salud

La materia fecal canina puede contener parásitos de importancia sanitaria. El Instituto de Zoonosis Luis Pasteur advierte que puede constituir una vía potencial de transmisión de organismos como Ancylostoma, Toxocara y Giardia. También señala que los niños y las personas inmunosuprimidas son especialmente susceptibles a estas parasitosis.

En una comunicación oficial de enero de 2025, el organismo informó sobre una investigación de contaminación por parásitos en plazas y parques de las 15 comunas. Allí destacó la importancia de recoger las deposiciones y desparasitar periódicamente a perros y gatos.

Esto no significa que toda deposición contenga parásitos ni que cualquier cercanía produzca una infección. El riesgo depende del agente presente y de la forma de exposición. En el caso de la toxocariasis, por ejemplo, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos explican que las personas pueden infectarse al ingerir accidentalmente tierra o alimentos contaminados con huevos del parásito.

La recolección de los residuos, la atención veterinaria y el lavado de manos contribuyen a reducir estas posibilidades de exposición.

El césped y los canteros también necesitan cuidado

Que el perro defeque sobre tierra o pasto no elimina la necesidad de recoger sus heces. Esos sectores también pueden ser utilizados por niños, otros animales, vecinos y trabajadores encargados de su mantenimiento.

La recomendación sanitaria del Instituto Pasteur de retirar la materia fecal comprende el cuidado del ambiente, de los animales y de las personas. El organismo también la vincula con la prevención de malos olores.

Dejar los residuos en un cantero simplemente los aparta del recorrido más visible. La responsabilidad de quien pasea consiste en retirarlos, no en buscar un lugar donde pasen inadvertidos.

Cómo incorporar la recolección a cada paseo

La preparación empieza antes de salir. Junto con la correa, conviene llevar bolsas suficientes y alguna de repuesto: el recorrido puede extenderse o el perro puede defecar más de una vez.

Durante el paseo, prestar atención al animal permite advertir cuándo es necesario detenerse. Una vez recogida la deposición, la bolsa debe cerrarse y conservarse hasta encontrar un recipiente adecuado. Tirarla al suelo o dejarla apoyada sobre mobiliario urbano vuelve a trasladar el problema a otros.

También es importante evitar el contacto directo con las heces y lavarse las manos con agua y jabón después de manipular estos residuos. Los CDC incluyen la recolección de las deposiciones y la higiene de manos entre las medidas de prevención para quienes conviven con animales.

Si falta una bolsa, esa dificultad requiere buscar una solución para retirar el residuo. La ausencia de elementos no cambia el efecto que tendrá sobre quienes utilicen después ese lugar.

El compromiso también alcanza al paseo delegado

Cuando otra persona se ocupa del perro, la limpieza debe formar parte de las condiciones del cuidado. Al contratar un servicio o pedir ayuda a un familiar, corresponde acordar que lleve los elementos necesarios y recoja las deposiciones.

El animal realiza una función natural. La decisión de retirarse dejando suciedad corresponde a la persona que lo acompaña. Centrar la responsabilidad en esa conducta permite abordar el problema sin convertir al perro en destinatario del enojo.

También ayuda a preservar la convivencia entre vecinos que tienen mascotas y quienes no las tienen. Compartir el barrio requiere que el disfrute de unos no se traduzca en una carga evitable para otros.

Una tarea pequeña con consecuencias para toda la cuadra

La limpieza urbana requiere servicios públicos, mantenimiento y participación ciudadana. En el caso de las heces caninas, quien acompaña al animal tiene la posibilidad de actuar en el momento y evitar que el residuo permanezca en la vereda.

Recogerlo protege el paso, cuida el entorno y evita que un vecino deba limpiar lo que otra persona dejó. Incorporar esa tarea a cada salida es una forma cotidiana de asumir la responsabilidad por la mascota y por el espacio que todos utilizan.

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