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Efemérides

Mariela Muñoz, la mamá que hizo del cuidado y el amor una familia

18/10/2026 · 06:45 hs.
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Crió a niños y adolescentes que llegaron a su vida en distintas circunstancias. En el Día de la Madre, su historia invita a recordar una maternidad construida con presencia, afecto y responsabilidad.

Nacida en Tucumán y vinculada durante buena parte de su vida al sur del conurbano bonaerense, Mariela Muñoz fue una mujer trans que encontró en la crianza un lugar central de su existencia. Su nombre se volvió conocido por las dificultades que debió enfrentar, pero detrás de aquella exposición pública había una historia familiar: chicos que crecieron a su lado y la reconocieron como mamá.

Una vida que comenzó en Tucumán

Mariela Muñoz nació el 24 de diciembre de 1943 en Lules, Tucumán, en una familia de origen humilde. Su infancia y su adolescencia estuvieron atravesadas por el rechazo y la incomprensión hacia su identidad.

Con el tiempo dejó su provincia y se instaló en el Gran Buenos Aires. Allí desarrolló una parte fundamental de su vida, especialmente vinculada a Quilmes y Ezpeleta, donde su historia quedó incorporada a la memoria de la comunidad. La publicación provincial Ellas no fueron contadas reconstruye ese recorrido y recoge recuerdos de quienes la conocieron.

El cuidado de otros apareció temprano. Las reconstrucciones de su biografía cuentan que, durante su adolescencia, ya realizaba tareas domésticas y acompañaba a niños de otras familias. Más adelante, esa experiencia se convertiría en una responsabilidad sostenida durante décadas.

La familia que fue creciendo a su alrededor

Los chicos que Mariela crió llegaron en diferentes momentos y circunstancias. Algunos tenían padres o madres que atravesaban dificultades para sostener su cuidado; otros necesitaban un hogar y acompañamiento.

Su casa fue recibiendo esas historias. La reconstrucción publicada por elDiarioAR, apoyada en el documental sobre su vida, relata que también dio alojamiento a una adolescente con su bebé. La ayuda, en ese caso, alcanzó a una joven madre y a su hija.

En distintas intervenciones públicas, Mariela afirmó haber criado a 23 chicos a lo largo de su vida. Esa es la cifra que recogen varias crónicas, aunque otros registros, entre ellos la presentación de su documental en el Malba, mencionan 17 hijos e hijas. Las fuentes no ofrecen una explicación suficiente para resolver esa diferencia.

Por eso, al contar su historia, corresponde distinguir la crianza del vínculo legal: no puede afirmarse que todos esos chicos hayan sido adoptados formalmente. Lo que los testimonios y las reconstrucciones sí permiten reconocer es la importancia de los lazos familiares que establecieron con ella.

Ser mamá en las tareas de todos los días

La maternidad de Mariela también puede comprenderse a través de acciones concretas. Llevaba a los chicos al colegio, los ayudaba a prepararse para los exámenes y se ocupaba de la comida.

Para sostener a su familia trabajaba como tarotista y vidente. Esas ocupaciones formaban parte de la economía de una casa en la que criar suponía atender necesidades materiales, acompañar el crecimiento y asumir responsabilidades.

En una entrevista de 1993 con la revista Gente, recuperada años después por Infobae, expresó: “Hice por todos ellos lo mejor que pude”. La frase resume cómo describía su propio papel: una mujer que había puesto tiempo y trabajo en el cuidado de sus hijos.

En una fecha dedicada a las madres, esos aspectos cotidianos permiten acercarse a Mariela desde una experiencia reconocible para muchas familias: acompañar la escuela, preparar una comida y estar disponible mientras los hijos crecen.

El dolor de una separación que llegó a los medios

En 1993, su vida familiar quedó expuesta públicamente a raíz de una disputa judicial por tres niños que estaban bajo su cuidado.

La intervención de la Justicia terminó separándola de ellos y derivó en una condena de un año de prisión en suspenso. La Comisión Provincial por la Memoria conserva documentación sobre el caso y sobre la vigilancia que realizó la inteligencia policial bonaerense.

Aquel episodio convirtió su maternidad en tema de discusión pública. Sin embargo, para comprender su dimensión personal resulta necesario recordar qué estaba en juego para ella: la separación de niños a quienes criaba como propios.

Las crónicas posteriores recuperaron su defensa del vínculo y el apoyo de hijos mayores que reconocían el lugar que había ocupado en sus vidas.

El reconocimiento de su identidad en 1997

En 1997, Mariela obtuvo el reconocimiento judicial de su identidad y la modificación de su documentación. Fue un antecedente destacado en la historia argentina, anterior a la Ley de Identidad de Género de 2012.

Una crónica de la agencia IPS publicada en mayo de aquel año registró que, incluso en ese momento, Mariela seguía expresando su deseo de que las personas trans pudieran formar una familia y acceder a la adopción legal.

Su identidad y su maternidad estaban presentes en su relato de vida: quería ser reconocida como la mujer que era y como la mamá que sus hijos conocían.

Su voz también se escuchó en Buenos Aires

Aunque no era porteña, su historia tuvo momentos de encuentro con la Ciudad. En 2010, habló ante una multitud en la Plaza de los Dos Congresos.

Allí expresó una idea que condensaba su mirada sobre la crianza: “Niñas y niños necesitan amor, garantías y disponibilidad”, según recuperó Agencia Presentes.

Las tres palabras permiten comprender el sentido que daba a la maternidad. El afecto aparecía acompañado por la responsabilidad y la presencia, por la posibilidad de ofrecer condiciones para crecer y por el tiempo dedicado a quienes dependían de ella.

El documental que conservó los recuerdos de sus hijos

Su vida fue llevada al cine por María Audras en Amor a paso de gigante, una producción de Argentina y Francia de 2016.

El documental, de 53 minutos, reúne testimonios de personas que fueron criadas por Mariela. El Malba, que lo incluyó en su programación, destacó precisamente esas voces familiares como una parte central de la película.

Para el público de Buenos Aires, el film ofrece un vínculo cultural con su historia y una forma de acercarse a los recuerdos de quienes la conocieron desde la intimidad del hogar.

La Fundación Huésped también distinguió la película en el Festival Asterisco. Al explicar su elección, resaltó el amor de Mariela hacia sus hijos y el afecto de ellos hacia ella. Ese reconocimiento pone el acento en una relación recíproca: el cuidado que ofreció y los vínculos que permanecieron.

Sus últimos años y una memoria ligada a la infancia

Mariela murió el 5 de mayo de 2017, a los 73 años. Durante sus últimos años sufrió problemas de salud asociados a un accidente cerebrovascular. La reconstrucción provincial de su vida señala que permaneció en Ezpeleta, acompañada y cuidada por parte de su entorno familiar.

Su nombre continúa vinculado a la infancia. En 2025, una ordenanza de Quilmes denominó “Mariela Muñoz” al Jardín Maternal Municipal de Río Iguazú y Antártida Argentina, en Ezpeleta.

La elección surgió de una votación de la comunidad educativa y barrial. El nombre obtuvo el 77,24 % de los 167 votos registrados. La norma también recordó que Mariela había sido vecina del establecimiento.

Recordarla desde su maternidad

La historia de Mariela reúne dificultades, reconocimiento y exposición pública. También conserva algo más íntimo, registrado en los testimonios de quienes crecieron con ella: el lugar de una mamá.

Recordarla en el Día de la Madre permite detenerse en esa dimensión de su vida. En la mujer que recibió chicos, acompañó su crecimiento y construyó con ellos vínculos que el paso del tiempo dejó en la memoria familiar.

El homenaje encuentra allí su fundamento: en una maternidad ejercida mediante el cuidado y en el amor que sus hijos también le devolvieron.

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