Salud

Alergias en primavera, cómo reconocer los síntomas y reducir la exposición al polen

14/09/2026 · 07:05 hs.

La llegada de la primavera marca el inicio de una etapa especialmente incómoda para muchas personas sensibles al polen. Los estornudos repetidos, la congestión nasal, el lagrimeo y la picazón pueden presentarse durante semanas y afectar el descanso, la concentración y las actividades cotidianas.

Aunque estos cuadros suelen confundirse con resfríos, no son provocados por una infección. La alergia es una reacción del sistema inmunitario frente a sustancias habitualmente inofensivas. Reconocer sus características, disminuir la exposición y realizar una consulta médica permite controlar los síntomas y detectar posibles complicaciones respiratorias.

Qué es una alergia

La alergia es una reacción de hipersensibilidad frente a una sustancia determinada. Esa sustancia, denominada alérgeno, puede ingresar al organismo mediante la respiración, la ingestión o el contacto con la piel.

En una persona alérgica, el sistema inmunitario interpreta determinadas partículas como una amenaza y genera una respuesta defensiva exagerada. Durante ese proceso se liberan sustancias químicas, entre ellas la histamina, responsables de la inflamación y de síntomas como estornudos, secreción nasal, picazón y lagrimeo.

Entre los alérgenos más comunes se encuentran:

  • Polen de árboles, pastos y malezas.
  • Ácaros presentes en el polvo doméstico.
  • Esporas de hongos y moho.
  • Caspa y otras partículas provenientes de animales.
  • Determinados alimentos.
  • Algunos medicamentos.
  • Sustancias que entran en contacto con la piel.

Las alergias primaverales se relacionan principalmente con los alérgenos que circulan por el aire, especialmente el polen. La rinitis producida por esta exposición también recibe el nombre de rinitis alérgica estacional o polinosis.

Por qué se intensifican durante la primavera

Árboles, pastos y malezas liberan diminutos granos de polen para desarrollar su proceso reproductivo. Parte de ese material queda suspendido en el aire y puede ingresar en la nariz, los ojos y las vías respiratorias.

No todas las plantas tienen la misma capacidad de causar alergias. Los pólenes livianos que se dispersan con el viento suelen tener una mayor importancia para las personas sensibles. Las flores vistosas, en cambio, habitualmente transportan su polen mediante insectos y no son necesariamente las principales responsables de la rinitis estacional.

La concentración ambiental también puede modificarse según el tiempo. Los días cálidos, secos y ventosos favorecen la permanencia y circulación del polen en el aire. La lluvia, por su parte, suele arrastrar gran parte de esas partículas hacia el suelo.

La exposición no se limita a parques o jardines. El polen puede trasladarse por el viento, adherirse al cabello, la piel, la ropa y el calzado, y entrar en viviendas, oficinas, escuelas y vehículos.

El polen no es el único desencadenante

Aunque el polen ocupa un lugar central durante la primavera, otras sustancias pueden provocar o intensificar los síntomas.

Los ácaros se acumulan principalmente en colchones, almohadas, ropa de cama, alfombras, sillones y objetos que retienen polvo. Los hongos pueden desarrollarse en espacios con humedad, filtraciones o ventilación deficiente. También existen personas sensibles a partículas provenientes de animales.

El humo del tabaco, los perfumes intensos, los aerosoles, determinados productos de limpieza y la contaminación no siempre funcionan como alérgenos, pero pueden irritar las vías respiratorias y empeorar un cuadro previo.

Por este motivo, no todas las molestias que aparecen en primavera tienen exactamente el mismo origen. La identificación del desencadenante es una parte importante del diagnóstico.

Cómo se manifiestan las alergias primaverales

La forma más habitual es la rinitis alérgica, que afecta la mucosa de la nariz. Sus manifestaciones pueden aparecer poco después del contacto con el alérgeno o desarrollarse progresivamente.

Los síntomas nasales más frecuentes son:

  • Estornudos repetidos, en ocasiones en forma de salvas.
  • Secreción nasal transparente y acuosa.
  • Congestión o sensación de nariz tapada.
  • Picazón en la nariz.
  • Goteo hacia la garganta.
  • Disminución temporal del olfato.
  • Tos relacionada con el goteo nasal.
  • Irritación o dolor de garganta.

La inflamación y la congestión también pueden producir sensación de oídos tapados, dolor de cabeza, cansancio, irritabilidad y dificultades para dormir.

Cuando la alergia afecta los ojos

La exposición al polen también puede causar conjuntivitis alérgica. En estos casos, los ojos pueden presentar:

  • Picazón intensa.
  • Lagrimeo.
  • Enrojecimiento.
  • Ardor o irritación.
  • Sensación de arenilla.
  • Inflamación de los párpados.
  • Mayor sensibilidad a la luz.

La picazón suele ser una característica especialmente orientadora. La conjuntivitis alérgica puede afectar ambos ojos y, a diferencia de las provocadas por virus o bacterias, no es contagiosa. Sin embargo, un profesional debe evaluar los cuadros persistentes, dolorosos o acompañados por alteraciones visuales.

Frotarse los ojos puede aumentar la irritación. Las compresas frías y las lágrimas lubricantes pueden brindar alivio en determinados casos, pero las gotas con medicamentos deben utilizarse bajo indicación profesional.

La relación entre alergia y asma

En algunas personas, la reacción no queda limitada a la nariz y los ojos. El polen y otros alérgenos inhalados pueden actuar como desencadenantes del asma.

La inflamación de los bronquios puede manifestarse con tos, silbidos al respirar, opresión en el pecho o dificultad respiratoria. No todas las personas con rinitis tienen asma, pero la aparición de estos síntomas requiere una evaluación médica.

Quienes ya poseen un diagnóstico de asma deben continuar el tratamiento indicado y consultar si aumentan la tos, las sibilancias o la necesidad de utilizar la medicación de rescate. El humo, los cambios climáticos, el polvo, el polen y otros irritantes pueden agravar la enfermedad.

Alergia o resfrío

La congestión, los estornudos, la secreción nasal y la tos pueden aparecer tanto en una alergia como en una infección respiratoria. Sin embargo, existen algunas características que ayudan a diferenciarlas.

CaracterísticaAlergia estacionalResfrío
OrigenReacción frente a un alérgenoInfección viral
Picazón nasal y ocularEs frecuenteEs menos habitual
Secreción nasalGeneralmente transparente y acuosaPuede cambiar de consistencia durante el cuadro
EstornudosPueden ser repetidosTambién pueden aparecer
FiebreNo es un síntoma típicoPuede presentarse
Dolores corporalesNo son habitualesPueden aparecer
DuraciónPuede continuar mientras exista exposiciónHabitualmente evoluciona durante un período limitado
ContagioNo es contagiosaPuede transmitirse

Estas diferencias son orientativas y no reemplazan el diagnóstico. También es posible que una persona alérgica contraiga simultáneamente una infección respiratoria.

Cuando existen fiebre, decaimiento marcado, dolor intenso, secreciones persistentes o un cambio importante en los síntomas habituales, corresponde consultar a un profesional.

Cómo se realiza el diagnóstico

El diagnóstico comienza con una entrevista clínica y un examen físico. El profesional puede preguntar:

  • En qué momento comenzaron los síntomas.
  • Si aparecen todos los años durante la misma estación.
  • Si empeoran al aire libre o dentro de la vivienda.
  • Si existe contacto con animales, polvo o humedad.
  • Si hay antecedentes personales o familiares de alergia o asma.
  • Cuánto afectan el descanso, el estudio o el trabajo.
  • Qué medicamentos fueron utilizados anteriormente.

Cuando resulta necesario identificar el desencadenante, pueden indicarse pruebas cutáneas. En determinados casos también se solicitan análisis de sangre para evaluar anticuerpos específicos relacionados con los alérgenos sospechados.

Los estudios deben ser indicados e interpretados por profesionales. Un resultado aislado no siempre significa que una sustancia sea responsable de los síntomas, por lo que debe relacionarse con la historia clínica.

Qué medidas ayudan a reducir la exposición al polen

Evitar por completo el polen resulta prácticamente imposible, especialmente en una ciudad con plazas, parques y arbolado público. Sin embargo, algunas medidas pueden disminuir el contacto:

  • Mantener cerradas las ventanas cuando la concentración de polen sea elevada.
  • Ventilar la vivienda durante períodos breves y elegir momentos de menor exposición.
  • Utilizar anteojos al permanecer al aire libre.
  • Evitar tocarse o frotarse los ojos.
  • Cambiarse la ropa al regresar después de una exposición prolongada.
  • Lavarse la cara y las manos al entrar en la vivienda.
  • Ducharse y lavarse el cabello antes de acostarse si hubo una exposición importante.
  • No secar la ropa al aire libre durante jornadas con abundante polen.
  • Mantener cerradas las ventanillas del vehículo.
  • Evitar cortar el césped o barrer hojas secas si esas actividades desencadenan síntomas.
  • Consultar información meteorológica y ambiental cuando existan reportes disponibles.

Los días cálidos, secos y ventosos pueden presentar una mayor circulación de polen. En jornadas frescas, húmedas o lluviosas, una parte importante queda depositada en el suelo.

Cuidados dentro del hogar

El control ambiental también debe contemplar otros desencadenantes. Entre las medidas recomendadas se encuentran:

  • Limpiar regularmente las superficies donde se acumula polvo.
  • Lavar la ropa de cama de manera periódica.
  • Evitar la humedad persistente.
  • Reparar filtraciones.
  • Ventilar baños, cocinas y otros espacios húmedos.
  • Reducir, cuando sea posible, alfombras y objetos que acumulen polvo.
  • Limpiar los filtros de los equipos de climatización según las instrucciones del fabricante.
  • Evitar el humo del tabaco dentro de la vivienda.
  • No utilizar perfumes ambientales o aerosoles si provocan irritación.

Una limpieza excesiva con productos de olor intenso también puede generar molestias. El objetivo es reducir los alérgenos sin incorporar nuevos irritantes al ambiente.

El Gobierno porteño recomienda mantener la casa limpia y ventilada, evitar la humedad y disminuir los elementos que retienen polvo.

Qué tratamientos pueden indicarse

El tratamiento depende del tipo de alergia, la intensidad de los síntomas, la edad, los antecedentes y la presencia de otras enfermedades, como el asma.

Las alternativas médicas pueden incluir antihistamínicos, aerosoles nasales con corticoides, soluciones salinas y gotas oftálmicas. En casos seleccionados, un especialista puede evaluar la inmunoterapia, cuyo objetivo es disminuir progresivamente la sensibilidad frente a determinados alérgenos.

No todos los medicamentos tienen el mismo efecto ni son apropiados para cualquier persona. Algunos antihistamínicos pueden provocar somnolencia, mientras que el uso inadecuado de descongestionantes nasales puede empeorar la congestión.

Por estas razones, se recomienda evitar la automedicación, especialmente en niños, personas embarazadas, adultos mayores y pacientes con asma, hipertensión, glaucoma u otras enfermedades crónicas.

El lavado nasal y las precauciones necesarias

Las soluciones salinas pueden ayudar a retirar moco y partículas de la nariz. Si se utiliza un dispositivo para efectuar un lavado nasal, el agua debe ser destilada, estéril o previamente hervida y enfriada. No se debe emplear directamente agua de la canilla.

La técnica, la frecuencia y la conveniencia del procedimiento pueden consultarse con un profesional, especialmente cuando existen cirugías nasales previas, sangrados frecuentes u otras afecciones.

Alergias en niños

Los niños también pueden presentar rinitis, conjuntivitis y asma de origen alérgico. La congestión persistente puede alterar el sueño y favorecer cansancio, irritabilidad o dificultades para mantener la atención durante el día.

Los síntomas repetidos no deben interpretarse automáticamente como resfríos sucesivos. Si aparecen durante una estación determinada, se prolongan o se acompañan de tos y silbidos al respirar, es importante consultar con el pediatra.

El Hospital General de Niños Pedro de Elizalde incluye entre las enfermedades evaluadas por su Servicio de Alergia a la rinitis, la conjuntivitis alérgica, el asma, la dermatitis atópica, las urticarias y las reacciones a alimentos o medicamentos.

Cuándo pedir una consulta médica

Es aconsejable solicitar una evaluación cuando:

  • Los síntomas son intensos o persistentes.
  • Se repiten durante la misma época del año.
  • Interfieren con el sueño, el estudio, el trabajo o la actividad física.
  • El tratamiento utilizado anteriormente dejó de resultar efectivo.
  • Existe tos frecuente o respiración con silbidos.
  • Hay antecedentes de asma.
  • No está claro si se trata de una alergia o una infección.
  • Aparecen reacciones después de tomar un medicamento o consumir un alimento.

La consulta permite evitar tratamientos innecesarios y establecer un plan adecuado para cada paciente.

Señales que requieren atención urgente

La dificultad para respirar, la sensación de cierre en la garganta, la hinchazón repentina de labios o lengua, el desmayo o una reacción que avanza rápidamente requieren atención inmediata.

En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, ante una emergencia médica se debe llamar al SAME al 107.

Para cuadros que no constituyen una emergencia, los vecinos pueden acudir a los Centros de Salud y Acción Comunitaria o a los hospitales públicos. La Red de Alergia y Asma de la Ciudad cuenta con servicios especializados en diferentes establecimientos porteños.

Una afección controlable con diagnóstico y seguimiento

Las alergias primaverales pueden extenderse durante buena parte de la temporada y no siempre desaparecen por sí solas. Sin embargo, identificar los desencadenantes, reducir la exposición y seguir un tratamiento indicado profesionalmente permite controlar la mayoría de los cuadros.

La clave está en no normalizar los síntomas persistentes ni recurrir de manera repetida a medicamentos sin supervisión. Una consulta oportuna puede mejorar la respiración, el descanso y la calidad de vida, además de detectar si existe compromiso bronquial o asma.

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