Obras y Urbanismo

El Palacio Estrugamou, un rincón de París escondido en el corazón de Buenos Aires

22/09/2026 · 08:42 hs.

En la esquina de Juncal y Esmeralda, muy cerca de la calle Arroyo y de la plaza San Martín, se levanta uno de los edificios residenciales más elegantes de Buenos Aires. Sus mansardas, cúpulas, balcones, chimeneas y portones de hierro evocan la arquitectura parisina y resumen una etapa en la que la Ciudad buscaba construir una imagen cosmopolita.

El Palacio Estrugamou fue encargado por el terrateniente Alejandro Estrugamou y construido entre 1924 y 1929 por los arquitectos Eduardo Sauze y Auguste Huguier. Aunque su apariencia recuerda a una gran residencia aristocrática, fue concebido como un edificio de renta compuesto por departamentos destinados a familias de alto poder adquisitivo. Casi un siglo después, continúa siendo una de las joyas arquitectónicas más admiradas del barrio de Retiro.

Una postal parisina en una esquina porteña

El Palacio Estrugamou aparece en una de las zonas más particulares de Buenos Aires. Se encuentra en la intersección de Juncal y Esmeralda, junto al comienzo de la calle Arroyo, dentro de un sector de Retiro caracterizado por sus antiguas residencias, embajadas, galerías de arte y edificios señoriales.

La construcción se distingue inmediatamente por su escala y por la riqueza de su composición. La piedra clara de las fachadas, las cubiertas oscuras, las ventanas verticales y los cuerpos elevados que coronan las entradas generan una imagen vinculada con los grandes edificios residenciales de París.

No se trata, sin embargo, de una copia exacta de un palacio francés. Es una interpretación porteña de distintos lenguajes europeos, adaptada a un edificio de viviendas colectivas y al terreno disponible en Buenos Aires.

El contraste con las construcciones posteriores que lo rodean aumenta su presencia. En medio del tránsito y de las torres contemporáneas, el conjunto conserva el aspecto de una pieza urbana procedente de otra época.

Quién fue Alejandro Estrugamou

La construcción fue encargada por Alejandro Fernando Estrugamou Larrat, integrante de una familia de origen vasco-francés que desarrolló importantes actividades rurales en la Argentina.

Los Estrugamou estuvieron vinculados con establecimientos agropecuarios en las provincias de Santa Fe y Buenos Aires, especialmente en las zonas de Venado Tuerto y Junín. Como otras familias terratenientes de finales del siglo XIX y comienzos del XX, destinaron parte de su patrimonio a propiedades urbanas.

Alejandro Estrugamou no proyectó el edificio como residencia individual. Su intención fue levantar una propiedad de renta, denominación que recibían los inmuebles construidos para ofrecer departamentos en alquiler.

Este tipo de inversión se expandió durante las primeras décadas del siglo XX. Buenos Aires crecía rápidamente, aumentaba su población y muchas familias acomodadas buscaban abandonar las enormes residencias particulares para instalarse en departamentos con servicios modernos.

El proyecto debía ofrecer las comodidades y la representación social de una mansión, pero dentro de un edificio compartido. Esa combinación explica buena parte de la monumentalidad del Palacio Estrugamou.

Los arquitectos del edificio

El proyecto estuvo a cargo de Eduardo Sauze y Auguste Huguier, dos arquitectos vinculados con la tradición académica francesa.

Sauze era argentino, hijo de padres franceses, y se había formado en la Escuela de Bellas Artes de París. Huguier también estaba relacionado con esa cultura arquitectónica. La educación recibida por ambos se reconoce en la organización simétrica del conjunto, en sus proporciones y en la manera de combinar elementos clásicos y barrocos.

El Palacio Estrugamou constituye una de sus obras más conocidas en Buenos Aires. Su diseño demuestra un profundo conocimiento de la arquitectura residencial francesa y, al mismo tiempo, la capacidad de adaptarla a las necesidades de la sociedad porteña de la década de 1920.

Los arquitectos no se limitaron a decorar una estructura convencional. Concibieron un conjunto integral en el que fachadas, accesos, patios, escaleras, ascensores y departamentos respondían a una misma idea de elegancia.

De 1924 a 1929

La construcción comenzó en 1924 y se desarrolló durante varios años. El edificio quedó concluido e inaugurado hacia 1929.

El período coincide con una etapa de gran transformación urbana. Buenos Aires se expandía, ampliaba su red de transporte y levantaba edificios públicos, comerciales y residenciales cada vez más ambiciosos.

La influencia francesa llevaba décadas presente en la arquitectura porteña. Sin embargo, hacia finales de los años veinte empezaban a ganar espacio otros lenguajes, como el art déco y las primeras expresiones de la arquitectura moderna.

El Palacio Estrugamou apareció, por lo tanto, en un momento de transición. Fue una de las últimas grandes manifestaciones del academicismo francés aplicado a la vivienda colectiva de lujo.

Su inauguración ocurrió poco antes de la crisis internacional de 1929, que alteró profundamente la economía mundial. Por esa razón, el edificio también puede interpretarse como el cierre de una época de abundancia y confianza en el progreso.

Por qué se lo llama palacio

La palabra “palacio” puede generar cierta confusión. El Estrugamou no fue construido para una familia única ni funcionó como sede de gobierno. Desde su origen fue un edificio residencial compuesto por departamentos.

Su denominación popular se relaciona con la monumentalidad del conjunto. Los accesos ceremoniales, el patio central, las amplias circulaciones y la ornamentación recuerdan más a una residencia aristocrática que a un inmueble de alquiler.

Cada vivienda fue proyectada con dimensiones y comodidades excepcionales. Los departamentos poseían espacios de recepción, comedor, sala de estar, varios dormitorios y dependencias de servicio.

La organización reproducía, dentro de cada unidad, el funcionamiento de las grandes casas particulares. La diferencia era que varias familias compartían un mismo edificio y determinados servicios comunes.

El término “palacio” terminó instalándose entre los porteños como una forma de reconocer su calidad arquitectónica y el carácter señorial de sus ambientes.

Una obra del academicismo francés

El Palacio Estrugamou responde al academicismo francés o estilo Beaux Arts, una corriente basada en principios de composición, simetría, jerarquía y ornamentación enseñados en la Escuela de Bellas Artes de París.

Dentro de ese universo también aparecen referencias al estilo Segundo Imperio. Este lenguaje, desarrollado en Francia durante el gobierno de Napoleón III, combinó elementos clásicos, barrocos y renacentistas.

Una de sus características más visibles es el uso de mansardas. Estas cubiertas inclinadas permiten incorporar espacios habitables en los niveles superiores y, al mismo tiempo, producen una silueta fácilmente reconocible.

En el Estrugamou, las mansardas oscuras se combinan con buhardillas, chimeneas, cornisas y remates elevados. Esa composición refuerza la comparación con los edificios parisinos construidos durante el siglo XIX.

Una fachada pensada como una composición monumental

El frente se organiza mediante un basamento de aspecto sólido, un cuerpo central recorrido por pilastras y una parte superior dominada por las cubiertas inclinadas.

En los pisos inferiores, el tratamiento almohadillado de los muros crea una sensación de peso y estabilidad. Por encima, las ventanas, balcones y pilastras marcan un ritmo vertical.

Las cornisas separan visualmente los distintos sectores. En los niveles superiores, las mansardas y buhardillas producen una transición entre el volumen del edificio y el cielo.

Los accesos fueron jerarquizados con frontones, molduras, portones de hierro y cuerpos arquitectónicos más altos. Cada entrada se reconoce con claridad, pero forma parte de una composición general equilibrada.

Las chimeneas también cumplen una función visual. Sus fustes sobresalen de las cubiertas y aportan variedad a la silueta, especialmente cuando el edificio se observa desde cierta distancia.

Cuatro cuerpos alrededor de un patio

Uno de los rasgos más interesantes del Palacio Estrugamou es su organización interna. El conjunto está dividido en cuatro cuerpos o agrupamientos residenciales articulados alrededor de un patio.

Esta disposición permitía ordenar los accesos y asegurar ventilación e iluminación a los diferentes departamentos. También ayudaba a separar las circulaciones principales de aquellas destinadas al servicio.

Desde la calle, los grandes portones conducen hacia ese espacio interior. El ingreso produce un cambio marcado: el ruido de la Ciudad queda atrás y aparece un ambiente de escala más controlada.

El patio funciona como el corazón del edificio. No es solamente un lugar de paso, sino una pieza fundamental del proyecto arquitectónico. Su diseño refuerza la sensación de estar dentro de una residencia palaciega.

Las fachadas interiores mantienen el lenguaje ornamental del exterior. Balcones, ventanas, molduras y cubiertas acompañan el recorrido y construyen una escenografía cuidadosamente organizada.

La Victoria de Samotracia porteña

En el centro del patio se encuentra uno de los elementos más famosos del edificio: una réplica en bronce de la Victoria de Samotracia.

La escultura original, realizada en la antigua Grecia alrededor del siglo II antes de Cristo, se conserva en el Museo del Louvre de París. Representa a Niké, la diosa griega de la victoria, con las alas desplegadas y las vestimentas agitadas por el viento.

La versión instalada en el Palacio Estrugamou reproduce la postura de la célebre obra y se convirtió en el punto central del patio.

Su presencia no es casual. La escultura refuerza el vínculo del edificio con la cultura francesa y con los modelos artísticos europeos admirados por las élites porteñas del período.

La figura alada, rodeada por las fachadas interiores, aporta una imagen inesperada para quienes logran observar el patio desde los accesos. Es uno de los detalles que alimentan la fama del conjunto como un rincón de París en Buenos Aires.

Departamentos con dimensiones de residencia particular

Los departamentos fueron diseñados para familias acostumbradas a vivir en casas de gran tamaño. Algunas unidades alcanzaban superficies cercanas a los 400 metros cuadrados.

La distribución distinguía claramente las áreas sociales, privadas y de servicio. Los ambientes de recepción estaban destinados a reuniones, comidas y actividades sociales. Los dormitorios y espacios familiares se ubicaban en sectores más reservados.

Las unidades podían contar con sala, comedor, living, varios dormitorios principales y habitaciones para el personal doméstico. Esta estructura reflejaba la organización cotidiana de las familias acomodadas de la época.

El edificio poseía ascensores principales y ascensores de servicio, además de escaleras diferenciadas. Esa separación permitía organizar los desplazamientos internos de acuerdo con las convenciones sociales de las primeras décadas del siglo XX.

Las carpinterías, los herrajes, las luminarias y los revestimientos acompañaban la calidad general de la obra. Diferentes referencias históricas señalan la presencia de materiales y elementos decorativos vinculados con Francia, además de pisos de roble de Eslavonia.

El paso de las mansiones a la vivienda colectiva

El Palacio Estrugamou ayuda a comprender una transformación profunda en la vida de las clases altas porteñas.

Durante finales del siglo XIX y comienzos del XX, muchas familias residían en grandes palacios urbanos. Esas construcciones requerían numerosos empleados, mantenimiento permanente y costos elevados.

Con el tiempo, los departamentos de lujo comenzaron a ofrecer una alternativa. Permitían conservar amplios salones, dormitorios y áreas de servicio, pero reducían parte de las responsabilidades asociadas con una residencia individual.

Edificios como el Estrugamou trasladaron la escala y la elegancia de las mansiones al sistema de propiedad o alquiler colectivo. No eran departamentos pequeños, sino verdaderas residencias superpuestas.

Esta tipología modificó la forma de habitar el centro y la zona norte de Buenos Aires. También anticipó el crecimiento de los grandes edificios residenciales que cambiarían definitivamente el perfil de la Ciudad.

Retiro y la influencia de París

La comparación entre Buenos Aires y París surgió, en buena medida, por la arquitectura construida entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del XX.

La prosperidad derivada del modelo agroexportador permitió financiar palacios, estaciones ferroviarias, teatros, bancos, hoteles y viviendas inspirados en modelos europeos.

Retiro fue uno de los escenarios privilegiados de ese proceso. Alrededor de la plaza San Martín se levantaron residencias como el Palacio Paz y el Palacio Anchorena, actual Palacio San Martín. En las calles cercanas aparecieron edificios de renta y mansiones destinadas a familias de gran fortuna.

La zona de Arroyo conservó una escala más íntima. Sus curvas, desniveles y fachadas ornamentadas generaron un paisaje distinto del trazado regular que predomina en gran parte de Buenos Aires.

El Palacio Estrugamou se integró a ese contexto y terminó convertido en uno de sus principales símbolos.

Una esquina dentro del llamado codo aristocrático

El sector donde Juncal se encuentra con Esmeralda y Arroyo fue conocido como parte del “codo aristocrático” porteño.

La expresión hace referencia a la concentración de residencias elegantes, sedes diplomáticas y edificios de arquitectura francesa en una zona de calles que no siguen por completo la cuadrícula tradicional.

El trazado irregular ayuda a crear perspectivas inesperadas. El Palacio Estrugamou puede aparecer de manera repentina mientras se camina desde la plaza San Martín o por la calle Arroyo.

Su volumetría acompaña esa condición urbana. Las fachadas no fueron pensadas como simples planos, sino como una sucesión de cuerpos, entradas y remates que cambian según el punto de observación.

Un edificio relacionado con la vida diplomática porteña

A lo largo de las décadas, el Palacio Estrugamou alojó a integrantes de familias tradicionales, empresarios, profesionales y representantes diplomáticos.

Su ubicación cerca de embajadas, instituciones oficiales y el centro financiero convirtió al inmueble en una residencia especialmente atractiva para diplomáticos y visitantes extranjeros.

Esa relación se mantuvo con el paso del tiempo. La privacidad de sus accesos, la amplitud de las unidades y el prestigio arquitectónico contribuyeron a conservar su carácter exclusivo.

Sin embargo, no es un museo ni un edificio público. Continúa siendo un conjunto de viviendas particulares, por lo que el acceso a sus interiores se encuentra restringido.

La modificación de su entorno

El paisaje que rodea al edificio cambió considerablemente desde su inauguración.

En sus primeros años existía una mayor separación entre la construcción y la calle. Alejandro Estrugamou cedió parte del terreno a la Ciudad para facilitar el ensanche de Juncal, lo que modificó la relación entre la fachada y el espacio público.

Más adelante aparecieron torres, oficinas y nuevas construcciones. También aumentaron el tránsito y la actividad comercial.

A pesar de esas transformaciones, el Palacio Estrugamou conservó sus principales características. Su escala monumental y su silueta continúan imponiéndose en la esquina.

Protección para una pieza singular del patrimonio porteño

La Ciudad de Buenos Aires incorporó el Palacio Estrugamou a su catálogo patrimonial mediante la Ley 5456, sancionada por la Legislatura porteña el 3 de diciembre de 2015 y promulgada en enero de 2016.

La norma le otorgó nivel de protección estructural. Esta categoría busca preservar los elementos que definen la identidad y el valor arquitectónico de un inmueble.

La catalogación comprende la parcela identificada oficialmente sobre la calle Juncal. Su objetivo es evitar modificaciones que afecten la composición, la volumetría y los rasgos significativos del edificio.

La protección reconoce que se trata de una obra de interés para toda la Ciudad, aunque su uso sea privado.

Un palacio que todavía cumple su función original

Una de las particularidades del Estrugamou es que conserva el destino residencial para el cual fue construido.

Muchos palacios porteños se transformaron en embajadas, ministerios, hoteles, universidades o sedes institucionales. El Estrugamou, en cambio, sigue funcionando principalmente como un edificio de viviendas.

La continuidad de ese uso mantiene viva su relación con la historia cotidiana. Sus salones, ascensores, escaleras y patios no pertenecen solamente al pasado: todavía forman parte de la experiencia diaria de sus residentes.

Algunas unidades fueron restauradas o adaptadas a las necesidades actuales. Estas intervenciones deben convivir con una estructura concebida hace casi un siglo y con las normas de protección patrimonial.

Qué puede observarse desde la vía pública

El edificio puede contemplarse desde las calles Juncal y Esmeralda. Desde esos puntos se distinguen sus accesos, el basamento de piedra, las pilastras, los balcones, las cornisas y las mansardas.

La esquina permite apreciar cómo los diferentes cuerpos se articulan y cómo las cubiertas producen una silueta escalonada.

El patio y la réplica de la Victoria de Samotracia pueden llegar a verse parcialmente cuando los portones se encuentran abiertos. Sin embargo, el acceso no está garantizado porque se trata de una propiedad residencial privada.

Para conocerlo, lo apropiado es observarlo desde la vereda y respetar la privacidad de quienes viven allí. No existe un horario regular de visitas turísticas informado oficialmente.

Un testimonio de la Buenos Aires que miraba a Europa

El Palacio Estrugamou es mucho más que un edificio elegante. Su arquitectura habla de una Buenos Aires que crecía con rapidez, recibía inmigrantes, concentraba grandes fortunas y buscaba presentarse como una capital moderna.

También refleja el cambio en las formas de habitar. Las antiguas mansiones individuales comenzaron a ceder lugar a edificios de departamentos capaces de ofrecer lujo, privacidad y servicios dentro de una estructura compartida.

Sauze y Huguier respondieron a esa transformación con una obra que combinó eficiencia residencial y representación social. El resultado fue un edificio que mantiene la apariencia de un palacio sin haber dejado nunca de ser una vivienda colectiva.

A casi cien años de su construcción, sus fachadas continúan sorprendiendo a los peatones. En una esquina de Retiro, el Palacio Estrugamou conserva una atmósfera parisina y recuerda una etapa decisiva de la historia urbana de Buenos Aires.

Información útil

El Palacio Estrugamou se encuentra en la intersección de Juncal y Esmeralda, en el barrio de Retiro. Uno de sus accesos más reconocidos está identificado con el número 783 de la calle Juncal y otro sobre Esmeralda 1319.

Es un edificio de viviendas particulares y no funciona como museo. No cuenta con visitas turísticas regulares anunciadas oficialmente.

La fachada puede observarse desde la vía pública. También puede incorporarse a un recorrido por la calle Arroyo, la plaza San Martín, el Palacio San Martín, el Palacio Paz y la basílica del Santísimo Sacramento.

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