Obras y Urbanismo

La facultad que parece una iglesia y esconde una historia inconclusa en Recoleta

24/09/2026 · 07:57 hs.

Con sus arcos apuntados, pináculos, vitrales y muros de apariencia medieval, la sede Las Heras de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires suele desconcertar a quienes pasan por la avenida. Aunque recuerda a una catedral europea, nunca fue un edificio religioso.

La construcción comenzó en 1912 para albergar a la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, pero el ambicioso proyecto del ingeniero y arquitecto Arturo Prins nunca llegó a completarse. Habilitado parcialmente en 1939 y cedido a Ingeniería en 1948, el edificio de avenida Las Heras 2214 es una de las piezas más singulares del patrimonio arquitectónico porteño.

Una catedral en medio de Recoleta

Quien camina por la avenida Las Heras y llega a la esquina de Azcuénaga encuentra una fachada difícil de confundir. En lugar de las líneas clásicas y las columnas asociadas habitualmente con los edificios universitarios, aparece una construcción oscura, vertical y cubierta de detalles.

Sus ventanas alargadas, arcos apuntados, pináculos y contrafuertes recuerdan inmediatamente a una iglesia medieval. Esa apariencia explica que muchos peatones la confundan con una catedral, un monasterio o un antiguo edificio religioso.

Sin embargo, la construcción fue concebida desde el comienzo para cumplir una función universitaria. Originalmente debía ser la sede de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires.

Actualmente es una de las sedes de la Facultad de Ingeniería de la UBA. En sus aulas se dictan materias de grado y posgrado, funcionan departamentos académicos y se desarrollan actividades científicas y culturales.

Un proyecto nacido a comienzos del siglo XX

La historia comenzó entre 1909 y 1910, cuando la Universidad de Buenos Aires buscaba una nueva sede para la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales.

La institución funcionaba entonces en un edificio ubicado en Moreno 350, que había quedado pequeño frente al crecimiento de la matrícula y de las actividades universitarias.

Para resolver el problema se organizó un concurso de arquitectura. El ganador fue Arturo Prins, ingeniero civil y arquitecto vinculado académicamente con la propia Universidad de Buenos Aires.

Su primera propuesta no tenía el aspecto que hoy distingue a la sede. Prins presentó un diseño inspirado en el estilo Luis XIV, con una composición monumental asociada con la arquitectura clásica francesa.

Las autoridades universitarias decidieron posteriormente cambiar el lenguaje arquitectónico. El nuevo edificio debía adoptar un estilo gótico, una elección poco habitual para una institución educativa porteña.

Prins recibió entonces el encargo de modificar el proyecto y dirigir su construcción.

Quién fue Arturo Prins

Arturo Prins nació en Montevideo en 1877 y desarrolló una parte importante de su carrera en la Argentina. Se formó como ingeniero civil y arquitecto y amplió sus conocimientos en Europa, especialmente en Francia e Italia.

Además de ejercer su profesión, tuvo una extensa actividad docente. Fue profesor de Teoría de la Arquitectura y participó en diferentes ámbitos académicos e institucionales.

El edificio de Las Heras se convirtió en el proyecto más exigente y prolongado de su trayectoria. Prins estuvo relacionado con la obra durante alrededor de tres décadas, atravesando cambios de diseño, aumentos de costos y reiteradas interrupciones.

Para el desarrollo de distintos aspectos del proyecto contó con la colaboración de profesionales que posteriormente alcanzarían gran reconocimiento en la arquitectura argentina, entre ellos los italianos Francisco Gianotti y Mario Palanti.

Gianotti sería autor de edificios como la Galería Güemes, mientras que Palanti proyectaría el Palacio Barolo, una de las obras más emblemáticas de la avenida de Mayo.

La construcción comenzó en 1912

Las obras comenzaron en 1912. Desde el principio, la escala y la complejidad del proyecto representaron un desafío considerable.

El edificio debía ocupar una extensa parcela delimitada por la avenida Las Heras y las calles Azcuénaga, Pacheco de Melo y Cantilo. Su programa incluía aulas, oficinas, bibliotecas, salones, circulaciones y espacios destinados a las distintas necesidades de la Facultad de Derecho.

El diseño fue pensado como un conjunto monumental. No se trataba únicamente de construir aulas, sino de crear una sede capaz de representar la importancia de la Universidad de Buenos Aires y de la formación jurídica dentro del Estado argentino.

La Primera Guerra Mundial, iniciada en 1914, afectó el desarrollo del proyecto. Las dificultades para importar determinados materiales y el aumento de los costos complicaron el avance.

En los años siguientes, la obra atravesó varias interrupciones. La inflación, los cambios económicos y la magnitud del edificio obligaron a modificar plazos y prioridades.

Por qué se eligió el estilo neogótico

El gótico surgió en Europa durante la Edad Media y tuvo su mayor desarrollo en iglesias, catedrales y monasterios. Sus construcciones buscaban altura, iluminación y una fuerte sensación de verticalidad.

Siglos después, durante el XIX, ese lenguaje fue recuperado mediante el neogótico. El movimiento retomó arcos apuntados, vitrales, pináculos, bóvedas y otros recursos medievales para aplicarlos a nuevos edificios.

En distintas ciudades del mundo, el neogótico fue utilizado tanto en templos como en universidades, parlamentos, estaciones y edificios públicos.

La elección para la Facultad de Derecho vinculaba a la institución con una idea de tradición, conocimiento y solemnidad. También permitía diferenciarla de otros edificios oficiales porteños dominados por el academicismo francés o italiano.

En Buenos Aires existen iglesias neogóticas, pero la sede de Las Heras se distingue por ser una construcción monumental concebida para una función educativa y no religiosa.

Una fachada que dirige la mirada hacia arriba

La sensación de estar frente a una iglesia se explica, en buena medida, por la composición de la fachada.

Las líneas verticales dominan el conjunto. Los arcos se elevan sobre las puertas y ventanas, mientras que las pilastras, contrafuertes y pináculos conducen la mirada hacia los niveles superiores.

El acceso principal se encuentra sobre la avenida Las Heras. Su escala y ornamentación le otorgan un carácter ceremonial, como si se tratara de la entrada a una gran institución medieval.

La piedra y los revestimientos de tonos oscuros refuerzan la apariencia histórica. Con el paso del tiempo, la superficie fue adquiriendo distintas tonalidades, marcas y texturas que aumentaron la percepción de antigüedad.

El frente no puede observarse completamente desde un único punto cercano debido a su extensión. Para comprender su escala es necesario recorrer la avenida y mirar también los laterales.

Arcos, pináculos y contrafuertes

Uno de los elementos más reconocibles es el arco apuntado u ojival. A diferencia del arco de medio punto, que termina en una curva redondeada, el ojival se encuentra en un vértice superior.

Este recurso aparece en puertas, ventanas y decoraciones. Su repetición genera el ritmo visual que caracteriza a la fachada.

Los pináculos son remates verticales y puntiagudos ubicados sobre diferentes sectores. Aunque cumplen principalmente una función ornamental, ayudan a reforzar la idea de altura.

Los contrafuertes aparecen como volúmenes adosados a los muros. En las catedrales medievales servían para contrarrestar los empujes de las bóvedas. En este edificio también participan de la estructura y de la composición estética.

A ellos se suman molduras, tracerías y otros detalles inspirados en la tradición gótica europea.

Los vitrales y la luz interior

Los vitrales son otra de las características destacadas del edificio. Su presencia contribuye a la comparación con una iglesia, pero también cumple una función práctica y estética.

La luz que atraviesa los vidrios coloreados modifica la atmósfera de escaleras, pasillos y salones. Dependiendo de la hora y de las condiciones del día, los interiores pueden adquirir diferentes tonalidades.

Durante los trabajos de restauración realizados en el siglo XXI, los vitrales recibieron intervenciones específicas para recuperar sus piezas y asegurar su conservación.

Las grandes aberturas también ayudan a iluminar los espacios internos de una construcción profunda y de gran superficie.

Un edificio organizado alrededor de patios

Más allá de su fachada, la sede presenta una organización determinada por su función universitaria.

El conjunto se distribuye alrededor de patios interiores que permiten el ingreso de aire y luz. Pasillos, escaleras y galerías conectan las diferentes áreas.

La circulación revela la escala de la obra. Los ambientes se suceden entre muros altos, puertas de madera, escaleras amplias y detalles ornamentales.

Los patios funcionan como pausas dentro del recorrido. Desde allí pueden observarse fachadas interiores que mantienen el lenguaje neogótico del frente, aunque con distintos niveles de ornamentación.

La combinación de espacios abiertos y cerrados permite comprender que el edificio fue pensado como un complejo universitario, no como una iglesia.

El ambicioso proyecto que nunca se terminó

El diseño original era todavía más monumental que el edificio que puede verse en la actualidad.

Los planos contemplaban sectores, remates y torres que no llegaron a construirse. Algunas versiones del proyecto incluían una gran torre central que habría modificado por completo la silueta de Recoleta.

La estructura debía elevarse considerablemente por encima del volumen existente y convertirse en una referencia visible desde distintos puntos de la Ciudad.

Los problemas económicos impidieron completar esa etapa. El costo de los materiales, las interrupciones y los cambios institucionales fueron reduciendo las posibilidades de concretar el plan original.

Por esa razón, la sede conserva una condición particular: es monumental, pero al mismo tiempo muestra las huellas de un proyecto inconcluso.

Esa falta de terminación no disminuyó su valor. Por el contrario, se convirtió en una parte central de su identidad y en una fuente de curiosidad para generaciones de porteños.

La Facultad de Derecho se instaló en 1939

La necesidad de abandonar la sede de Moreno 350 llevó a que la Facultad de Derecho comenzara a utilizar el edificio de Las Heras en 1939.

La construcción todavía no estaba terminada, pero contaba con los sectores necesarios para desarrollar las actividades académicas.

El traslado permitió aliviar las dificultades de espacio, aunque no resolvió el futuro del proyecto. Completar las torres y otros sectores requería una inversión que ya no parecía viable.

Ese mismo año falleció Arturo Prins. La sede quedó como su obra más reconocida y como testimonio de un esfuerzo profesional desarrollado durante aproximadamente tres décadas.

El traslado de Derecho a Figueroa Alcorta

Durante la década de 1940 se tomó la decisión de construir una nueva sede para la Facultad de Derecho.

El lugar elegido fue un terreno cercano a la plaza Francia, sobre la avenida Figueroa Alcorta. El proyecto adoptó un lenguaje completamente diferente al de Las Heras.

La nueva Facultad de Derecho fue diseñada con una monumental fachada clásica, formada por una gran escalinata y columnas de escala colosal. Ese edificio es actualmente una de las imágenes más conocidas de la Universidad de Buenos Aires.

El cambio representó también una transformación estética. La apariencia medieval del neogótico fue reemplazada por una arquitectura inspirada en los templos grecorromanos.

Con la construcción de la sede de Figueroa Alcorta, el edificio de Las Heras perdió la función para la cual había sido concebido.

Ingeniería recibió el edificio en 1948

En 1948, las instalaciones de avenida Las Heras 2214 fueron cedidas a la Facultad de Ingeniería.

La decisión permitió aprovechar un edificio universitario de gran tamaño y darle continuidad dentro de la UBA.

Desde entonces, la sede comenzó una nueva etapa. Sus aulas y salones dejaron de estar vinculados exclusivamente con la formación jurídica y pasaron a albergar materias, laboratorios y departamentos de Ingeniería.

El cambio de ocupantes produjo una curiosa combinación. Una construcción inspirada en la arquitectura medieval europea se convirtió en escenario para la enseñanza de estructuras, transporte, hidráulica, tecnología, energía y otras disciplinas relacionadas con la ciencia y la industria.

No es la única sede de Ingeniería

La Facultad de Ingeniería de la UBA cuenta con distintas sedes. La de avenida Paseo Colón 850 funciona como uno de sus principales centros académicos y administrativos.

El edificio de Las Heras cumple funciones específicas dentro de esa estructura. Allí se dictan cursos de grado y posgrado y funcionan varios departamentos.

Entre las áreas vinculadas con la sede se encuentran Construcciones y Estructuras, Estabilidad, Transporte, Hidráulica, Agrimensura, Gestión, Tecnología Industrial y Energía, entre otras.

También funciona el Museo de Ciencia y Técnica de la Facultad de Ingeniería, que conserva objetos, instrumentos, documentos y modelos relacionados con la historia de la enseñanza y el desarrollo tecnológico.

El Museo de Ciencia y Técnica

El museo constituye uno de los espacios de mayor interés dentro de la sede.

Su patrimonio ayuda a reconstruir la evolución de la ingeniería argentina y las transformaciones en la manera de enseñar las distintas disciplinas.

Las colecciones incluyen instrumentos de medición, equipos científicos, modelos, maquetas y materiales empleados en diferentes momentos de la vida académica.

El museo participa habitualmente en actividades culturales y educativas, entre ellas la Noche de los Museos. Durante esas jornadas, la sede abre sectores al público y organiza recorridos vinculados con su historia y arquitectura.

Fuera de las actividades anunciadas por la Facultad, el edificio funciona como espacio universitario y no tiene un régimen permanente de visitas turísticas.

Una restauración integral

Con el paso de las décadas, la exposición al clima, la contaminación urbana y el uso continuo afectaron distintos componentes de la construcción.

En 2012 comenzó un proyecto integral de intervención sobre las fachadas de avenida Las Heras, Cantilo, Azcuénaga y Pacheco de Melo. Los trabajos también alcanzaron patios interiores y espacios de aire y luz.

La restauración requirió estudiar materiales, técnicas constructivas y detalles ornamentales para evitar alteraciones incompatibles con el diseño original.

Se intervinieron revestimientos, molduras, elementos decorativos, carpinterías y vitrales. También se realizaron tareas destinadas a mejorar las condiciones generales del edificio.

El proceso concluyó en 2016 y permitió recuperar sectores deteriorados, conservar los rasgos neogóticos y reforzar la presencia urbana de la sede.

Restaurar sin completar el sueño original

La puesta en valor no buscó construir las grandes torres que aparecían en los primeros planos.

Completar actualmente el proyecto de comienzos del siglo XX habría implicado alterar un edificio cuya condición inconclusa ya forma parte de su historia.

El objetivo fue conservar lo efectivamente construido, reparar sus componentes y recuperar la lectura de sus fachadas.

Esta decisión responde a un criterio patrimonial: un edificio histórico no debe transformarse necesariamente en aquello que alguna vez se imaginó, sino preservarse respetando las distintas etapas de su existencia.

El contraste con el paisaje de Recoleta

La sede se encuentra en una zona donde conviven edificios residenciales, instituciones educativas, centros de salud y comercios.

Su estética neogótica contrasta con las construcciones académicas francesas, las fachadas italianizantes y los edificios modernos que caracterizan a Recoleta.

La avenida Las Heras también aporta movimiento permanente. Colectivos, automóviles, estudiantes y peatones pasan frente a una fachada que parece pertenecer a otro tiempo.

Esa convivencia entre arquitectura histórica y vida cotidiana convierte al edificio en una referencia urbana. No se encuentra aislado como un monumento, sino integrado a una avenida de intensa actividad.

Por qué parece una iglesia

La confusión tiene varias explicaciones.

El neogótico se asocia inmediatamente con las catedrales medievales porque fueron los edificios que difundieron sus principales elementos. Los arcos ojivales, los pináculos, los vitrales y la marcada verticalidad forman parte de ese imaginario.

La sede también posee una composición solemne y una escala que supera la de los edificios vecinos. Su acceso recuerda a un pórtico ceremonial y sus muros transmiten una sensación de permanencia.

Sin embargo, no tiene nave litúrgica, altar ni espacios concebidos para ceremonias religiosas. Sus interiores fueron diseñados como aulas, salones, despachos, bibliotecas y circulaciones universitarias.

La apariencia de iglesia surge del lenguaje arquitectónico, no de la función.

Una pieza excepcional de la arquitectura porteña

Buenos Aires posee numerosas construcciones neogóticas, especialmente templos. Entre ellas se encuentran iglesias y capillas levantadas por distintas comunidades religiosas.

Lo excepcional de Las Heras es la aplicación monumental de ese lenguaje a una institución universitaria.

El edificio demuestra cómo un estilo asociado con la Edad Media pudo utilizarse para representar el conocimiento, la autoridad académica y la formación profesional en una ciudad moderna del siglo XX.

También permite comprender que la arquitectura porteña no siguió una única corriente. El academicismo francés, el italianismo, el neogótico, el art nouveau, el art déco y el racionalismo convivieron en pocas décadas y dejaron una ciudad extraordinariamente diversa.

Una obra que une arquitectura e ingeniería

La sede posee un valor especial para la Facultad de Ingeniería porque su propia construcción plantea preguntas relacionadas con la disciplina.

La escala de sus muros, la distribución de cargas, el diseño de las circulaciones y la conservación de materiales forman parte de los desafíos propios de la ingeniería y la arquitectura.

Además, su restauración exigió conocimientos técnicos para intervenir una estructura histórica sin perder sus características originales.

De esa manera, el edificio no funciona solamente como contenedor de clases. También puede ser observado como una obra capaz de enseñar sobre diseño, construcción, mantenimiento y patrimonio.

Un edificio universitario que forma parte de la identidad porteña

Más de un siglo después del comienzo de las obras, la sede de Las Heras continúa despertando preguntas.

Su apariencia de catedral, su proyecto inconcluso y el cambio de Derecho a Ingeniería construyeron una historia singular.

El edificio representa las ambiciones de una Universidad que, a comienzos del siglo XX, buscaba levantar sedes monumentales. También muestra cómo las crisis económicas y las transformaciones institucionales pueden modificar una obra.

Lo que debía ser un gran palacio neogótico para la enseñanza del Derecho terminó convertido en una de las sedes más reconocibles de Ingeniería.

Para los estudiantes es un espacio cotidiano. Para quienes recorren Recoleta, es una construcción misteriosa que obliga a detenerse y mirar hacia arriba.

Información útil

La sede Las Heras de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires se encuentra en avenida Las Heras 2214, en el barrio de Recoleta.

Es un edificio universitario en funcionamiento y el ingreso cotidiano está vinculado con sus actividades académicas y administrativas.

Las visitas abiertas al público se realizan en ocasiones especiales anunciadas por la Facultad, como la Noche de los Museos u otras jornadas patrimoniales.

Visitas

Hoy573
Ayer606
Semana pasada2.313
Mes pasado2.627
Último año2.976
Total3.521