En una antigua casona de la calle Defensa, una red de conductos subterráneos conserva rastros de los cursos de agua que atravesaban el sur de la Buenos Aires colonial.
El hallazgo accidental de estas estructuras dio origen a un extenso proceso de investigación y recuperación. En la actualidad, El Zanjón de Granados permite recorrer distintas etapas de la historia porteña a través de patios, muros, cisternas, objetos arqueológicos y construcciones levantadas a lo largo de varios siglos.
Una historia que continúa debajo de las veredas
Quienes caminan por Defensa al 700 atraviesan uno de los sectores más antiguos de San Telmo. Sin embargo, bajo los adoquines, las viviendas y los comercios permanece una parte menos visible de la historia de Buenos Aires.
Allí se encuentra El Zanjón de Granados, un complejo arquitectónico y arqueológico desarrollado alrededor de una casona del siglo XIX. Su recorrido subterráneo permite comprender cómo era el terreno antes de la expansión urbana, de qué manera circulaba el agua y cómo fueron cambiando las viviendas porteñas.
El conjunto se localiza en Defensa 755. Desde la calle, la construcción mantiene la apariencia característica de las antiguas residencias de San Telmo. En su interior, los patios sucesivos conducen hacia estructuras más antiguas y a una red de pasajes abovedados.
Los antiguos cursos de agua de Buenos Aires
Durante el período colonial, el paisaje porteño era muy diferente del actual. La Ciudad estaba atravesada por arroyos y depresiones naturales que conducían el agua de lluvia hacia el Río de la Plata.
Tres de esos cauces eran conocidos como “los terceros”. El Tercero del Sur recorría parte del actual San Telmo y atravesaba el terreno en el que posteriormente se construiría la casona vinculada con El Zanjón de Granados.
Estos cursos podían aumentar considerablemente su caudal durante las tormentas y provocar anegamientos. Con el crecimiento urbano comenzaron a realizarse obras para contenerlos, canalizarlos y, finalmente, incorporarlos a una red subterránea.
Según la cronología histórica de la institución, en 1787 Andrés Cajaraville construyó en la manzana un conducto de sección cuadrada para controlar las corrientes que afectaban la zona durante las lluvias. Aquella intervención transformó parte del cauce abierto en una estructura contenida bajo tierra.
Una casona levantada durante el siglo XIX
La propiedad atravesó numerosas transformaciones antes de adquirir su aspecto actual. Los registros difundidos por El Zanjón señalan que Marcos Miguens compró el terreno en 1779, cuando todavía existía una construcción pequeña.
Durante la década de 1830 fue levantada la residencia conocida actualmente como Los Patios. Su organización respondía al modelo tradicional de las grandes casas porteñas, con habitaciones distribuidas alrededor de varios patios y una sucesión de espacios que se extendía hacia el fondo del terreno.
La construcción incorporó materiales y estructuras de diferentes períodos. Por esa razón, el edificio funciona como una especie de registro arquitectónico donde pueden observarse técnicas, ladrillos, pisos y modificaciones realizadas a lo largo del tiempo.
Hacia 1860, la residencia estaba ocupada por Vicente Mouján y Juliana Cajaraville. La propiedad permaneció vinculada con esa familia hasta comienzos del siglo XX.
De residencia familiar a casa de inquilinato
Las transformaciones sociales de Buenos Aires también quedaron reflejadas en la casona. Durante las últimas décadas del siglo XIX, numerosas familias acomodadas abandonaron el sur porteño y se trasladaron hacia sectores del norte de la Ciudad.
Ese desplazamiento estuvo relacionado con diferentes cambios urbanos y sanitarios, entre ellos el impacto de la epidemia de fiebre amarilla de 1871. Muchas de las grandes residencias de San Telmo comenzaron entonces a utilizarse como casas de inquilinato.
El edificio de El Zanjón no fue una excepción. Durante la década de 1880 llegó a estar dividido en 23 habitaciones, que compartían solamente dos baños. La antigua residencia familiar pasó así a formar parte del universo de los conventillos, donde convivieron numerosos inmigrantes llegados a Buenos Aires.
Este cambio de uso permite observar, dentro de una misma propiedad, el paso de una ciudad colonial y residencial hacia una metrópolis marcada por la inmigración, la industrialización y el crecimiento demográfico.
El momento en que los conductos quedaron sepultados
La construcción de una red moderna de saneamiento modificó definitivamente la relación de Buenos Aires con sus antiguos cursos de agua.
En 1892, los conductos existentes debajo de la propiedad fueron rellenados. Con el paso de los años, su presencia quedó prácticamente olvidada. La casona continuó atravesando diferentes usos y períodos de deterioro hasta quedar abandonada durante la segunda mitad del siglo XX.
En la década de 1970, el inmueble había perdido buena parte de su antiguo esplendor y era utilizado como depósito de residuos. Debajo de los escombros permanecían ocultos los pasajes y las estructuras vinculadas con el antiguo sistema de desagüe.
Un descubrimiento inesperado
La recuperación comenzó después de que Jorge Eckstein adquiriera el edificio en 1986. La intención inicial era restaurar una propiedad deteriorada de San Telmo, pero los trabajos revelaron una construcción mucho más compleja de lo esperado.
El nivel inferior se encontraba cubierto por varios metros de escombros. Durante las tareas apareció el primer conducto subterráneo, un hallazgo que modificó completamente el proyecto original.
A partir de ese momento comenzó un prolongado proceso de excavación, investigación y restauración. Los trabajos permitieron recuperar muros, pasajes, cisternas, pisos y objetos correspondientes a diferentes momentos de la historia porteña.
La restauración procuró mantener visibles las distintas etapas del edificio. En lugar de reconstruirlo como si perteneciera a un único período, el proyecto conservó las huellas dejadas por sus habitantes y por las sucesivas modificaciones.
Una recuperación que demandó décadas
Los Patios abrieron al público en 2001, después de más de quince años de trabajos. En 2003 se incorporó Casa Mínima, una pequeña construcción contigua vinculada con la historia urbana de la cuadra.
La recuperación de otro sector denominado El Puente permitió completar el complejo en 2006. De esta manera, diferentes inmuebles y estructuras subterráneas quedaron integrados en un mismo recorrido histórico.
El proceso de conservación se extendió durante casi cuatro décadas. Actualmente, el conjunto combina arquitectura, arqueología y documentación histórica para explicar el desarrollo de Buenos Aires desde sus primeros asentamientos hasta la consolidación de la ciudad moderna.
Mucho más que una red de túneles
Aunque suele describirse como una atracción subterránea, El Zanjón de Granados no es simplemente un conjunto de túneles. Los pasajes recuperados corresponden principalmente a obras realizadas para conducir el agua y resolver los problemas provocados por los antiguos cauces.
El recorrido también permite observar cisternas destinadas al almacenamiento de agua, muros construidos en diferentes momentos, patios restaurados y sectores donde todavía pueden identificarse las transformaciones sufridas por la propiedad.
Cada nivel aporta información sobre una etapa distinta. Las estructuras más profundas remiten al paisaje natural y al manejo del agua. La casona representa la vida de las familias acomodadas del siglo XIX. Las subdivisiones posteriores revelan el período de los conventillos y la llegada masiva de inmigrantes.
Por eso, la verdadera “ciudad escondida” no consiste en una Buenos Aires completa debajo de la superficie. Se trata de una superposición de restos arquitectónicos que permite reconstruir cómo fueron cambiando San Telmo y sus habitantes.
Un testimonio de la transformación de San Telmo
El Zanjón de Granados resume varios de los procesos que definieron la identidad porteña. En una misma propiedad conviven el antiguo relieve atravesado por cursos de agua, la arquitectura residencial, el crecimiento de los conventillos, las obras sanitarias y la posterior recuperación patrimonial.
Su existencia también permite comprender por qué San Telmo conserva una relación tan estrecha con el pasado. Detrás de muchas fachadas del barrio permanecen construcciones adaptadas, patios, aljibes y muros que fueron reutilizados durante generaciones.
En Defensa 755, esas capas quedaron expuestas y organizadas en un recorrido. El resultado permite aproximarse a una Buenos Aires que ya no puede observarse desde la superficie, pero que continúa presente debajo de una de las calles más transitadas del casco histórico.
Información útil
- Dirección: Defensa 755, San Telmo, Ciudad de Buenos Aires.
- Horario informado: todos los días, de 11 a 17.

