En la esquina de avenida Alvear y Montevideo, la sede de la Nunciatura Apostólica conserva la apariencia de una gran residencia porteña de comienzos del siglo XX.
Allí se hospedará el papa León XIV durante su visita a la Argentina, prevista del 8 al 11 de noviembre de 2026. El edificio fue diseñado por el arquitecto francés Édouard Le Monnier para el matrimonio Fernández Anchorena. Décadas después, Adelia Harilaos de Olmos lo legó a la Santa Sede.
Una casa con nombre propio en avenida Alvear
La actual Nunciatura ocupa el Palacio Fernández Anchorena, en avenida Alvear 1605/1637, en el barrio de Recoleta. La Comisión Nacional de Monumentos lo describe como un hôtel particulier de inspiración Luis XV: una residencia urbana concebida para una familia, con espacios de recepción y una cuidada composición arquitectónica.
Su historia comenzó con un encargo de Juan Antonio Fernández y Rosa de Anchorena al arquitecto francés Édouard Le Monnier. La obra se proyectó en 1907 y quedó terminada en 1909, en una avenida que por entonces reunía algunas de las residencias más representativas de la sociedad porteña. Hay una particularidad en ese origen: según el registro patrimonial nacional, el matrimonio que encargó el palacio nunca llegó a habitarlo, ya que continuó residiendo en París.
La firma de Le Monnier, de la cúpula al vestíbulo
El rasgo que primero atrae la mirada desde la calle es el volumen curvo coronado por una cúpula revestida en pizarra. Debajo, una galería cubierta y también curva organiza el acceso. No son elementos aislados: forman parte del eje de simetría con el que Le Monnier ordenó la fachada y los ambientes principales.
En el interior, ese eje conduce a un vestíbulo elíptico rodeado de columnas corintias. Desde allí se articula la escalera de honor y se distribuyen los espacios del palacio. Hacia la parte posterior, la construcción se abre a jardines que descienden hasta la calle Posadas; una gran escalinata resuelve la diferencia de nivel entre ambos frentes. La casa, por lo tanto, ofrece dos lecturas: la fachada ceremonial sobre Alvear y su relación con el jardín hacia Posadas.
Le Monnier dejó otras obras reconocibles en Buenos Aires. El Gobierno porteño lo identifica también como autor de edificios de la familia Bencich y destaca en su trayectoria al Yacht Club Argentino y al antiguo Banco Argentino-Uruguayo. Su trabajo en la Nunciatura permite ver otra escala de esa producción: la de una residencia pensada para recibir, circular y representar.
De residencia particular a sede diplomática
Antes de convertirse en Nunciatura, el palacio atravesó distintas etapas como residencia. Una de las más conocidas fue su uso por Marcelo Torcuato de Alvear y Regina Pacini durante la presidencia de Alvear, iniciada en 1922. Años más tarde, la propiedad pasó a manos de Adelia Harilaos de Olmos.
Harilaos de Olmos, reconocida como marquesa pontificia, dispuso en su testamento que el inmueble fuera legado a la Santa Sede para albergar la Nunciatura Apostólica. Este es el dato central de la donación: el palacio no nació como edificio diplomático; recibió esa función por decisión de su última dueña. La Nunciatura está instalada allí desde 1952.
Una nunciatura es la representación de la Santa Sede ante un Estado. El nuncio cumple una función diplomática en las relaciones con el país donde está acreditado y mantiene, a la vez, vínculos con la Iglesia local. Por eso, detrás de la antigua fachada residencial de Alvear funciona hoy una sede institucional.
Un monumento histórico que volverá a estar en el centro de la escena
El valor del edificio recibió reconocimiento formal en 2002, cuando fue declarado Monumento Histórico Nacional mediante el Decreto 1495/2002. La protección alcanza a un palacio que reúne la obra de un arquitecto destacado, la historia de sus propietarios y más de siete décadas como sede de la representación pontificia en la Argentina.
La próxima visita de León XIV vuelve a dirigir la atención hacia esa esquina de Recoleta. El Gobierno nacional confirmó tanto las fechas de su estadía en el país, del 8 al 11 de noviembre, como su alojamiento en la Nunciatura de Buenos Aires. Para quienes pasan por avenida Alvear, la noticia ofrece una ocasión para mirar el edificio más allá de su cúpula: fue una casa encargada por una familia que no la habitó, pasó por la vida presidencial y llegó a su función actual gracias al legado de Adelia Harilaos de Olmos.

